Eso, o la prueba de que se puede sobrevivir a un infierno con clase.
Después de pasearnos por Cayetana (la petarda original con 43 títulos y vestidos de lunares tamaño XXL), por Isabel Álvarez de Toledo (la revolucionaria auténtica que se comió ocho meses de cárcel), tocaba preguntar por la tercera pata de este banco de duquesas españolas del siglo XX.
Y Naty Abascal, duquesa de Feria durante doce años, merece capítulo aparte.
Porque si Cayetana era la castiza con gracia, e Isabel la intelectual indomable, Naty es la profesional. La que llegó a la aristocracia desde el talento, no desde la cuna. Y la que, cuando todo se fue al carajo, supo salir del naufragio con el traje impoluto y los hijos a salvo.
La sevillana que conquistó Nueva York
Natividad Abascal Romero-Toro nació en Sevilla en 1943, en una familia de doce hermanos. Hija de un abogado con olivares y de la primera mujer que abrió una boutique en la ciudad. O sea, dinero, pero dinero de trabajo, no de mayorazgo. Burguesía, no aristocracia.
A los 21 años, el modisto Elio Berhanyer la llevó a ella y a su hermana gemela Ana María a la Exposición Mundial de Nueva York de 1964 para presentar su colección. Allí las vio Richard Avedon. Y allí cambió todo .
El fotógrafo las llevó a Ibiza para un reportaje de 15 páginas en Harper's Bazaar que se publicó en enero de 1965. Meses después, Avedon volvió a fotografiarla, esta vez a ella sola, para la portada. Y entonces pasó lo que tenía que pasar: Eileen Ford, la dueña de la agencia de modelos más importante de Estados Unidos, la fichó .
Naty se instaló en Manhattan y comenzó a desfilar para los grandes. Pieles de Revillon, joyas de Cartier, portadas, flashes, la vida. Se convirtió en musa de Óscar de la Renta (cuando él aún trabajaba para Elizabeth Arden) y de Valentino, a quien conoció en Capri en 1968 y con quien mantuvo amistad hasta su reciente fallecimiento.
Y aquí viene lo que ya no es solo una modelo de pasarela: Woody Allen la contrató en 1971 para Bananas, donde hizo de guerrillera latinoamericana. Ese mismo año, posó desnuda para Playboy. Y también fue portada de la Interview de Andy Warhol. Ah, y por si fuera poco, hizo un spot publicitario en el que Salvador Dalí le pintaba el cuerpo.
O sea, que cuando Naty Abascal llegó a la aristocracia, ya había sido modelo internacional, actriz de Woody Allen, musa de Warhol, portada de Playboy y lienzo humano de Dalí. Vamos, que el currículum no se lo discutía nadie.
El matrimonio con el duque de Feria: cuento de hadas con final de pesadilla
En 1975, tras divorciarse de su primer marido, el escocés Murray Livingstone Smith, Naty volvió a Sevilla. Y allí se reencontró con un amor de adolescencia: Rafael Medina y Fernández de Córdoba, duque de Feria, marqués de Villalba e hijo de los duques de Medinaceli.
Se casaron el 14 de julio de 1977 en la ermita de El Rocío. Ella abandonó las pasarelas. Él era un Grande de España, joven, guapo, con dinero, con títulos, con todo. Tuvieron dos hijos: Rafael (1978) y Luis (1980). La familia perfecta. La modelo retirada convertida en duquesa. La portada de revista hecha realidad.
Pero entonces la realidad empezó a torcerse.
A finales de los ochenta, el matrimonio hizo aguas. Naty inició una relación con Ramón Mendoza, entonces presidente del Real Madrid. Se separó de su marido en 1988 y se divorciaron en 1989. Y ahí, cuando ella se fue, empezó a conocerse la verdad sobre el hombre con el que se había casado.
Porque Rafael de Medina, duque de Feria, resultó tener una doble vida que ni el mejor guionista de culebrones habría imaginado.
El lado oscuro del duque (y la sabiduría de Naty)
En 1993, Rafael ingresó en prisión. Condenado a 18 años por corrupción de menores, tráfico de drogas y rapto. La sentencia se redujo después a nueve años, y cumplió cinco. Las acusaciones incluían desde consumir cocaína y alcohol hasta utilizar los servicios de prostitutas menores de edad en un local de alterne sevillano. También se le imputó haber raptado a una niña de cinco años en dos ocasiones para hacerle fotografías desnuda, pagando 25.000 pesetas de entonces a la madre de la menor por su "colaboración".
De codearse con Jacqueline Kennedy y Grace Kelly en las veladas que organizaba su madre, la duquesa de Medinaceli, en la Casa de Pilatos, a convertirse en el centro del escándalo más turbio de la aristocracia española de los noventa.
Salió de prisión en 1998, pero en 2001, con 58 años, apareció muerto en su habitación del Palacio de Dueñas. Oficialmente, por una ingesta masiva de barbitúricos.
Ahora bien, ¿qué hizo Naty durante todo este infierno? Dos cosas que la definen para siempre:
Primero: cuando estalló el escándalo y el padre de sus hijos se convirtió en el personaje más vomitivo de la prensa, ella los sacó de España. Los envió a estudiar a Estados Unidos, lejos del fango, lejos de los periodistas, lejos de todo. No los protegió con declaraciones grandilocuentes ni con entrevistas exclusivas. Los protegió con hechos.
Segundo: en el juicio de separación de 1989, renunció expresamente al uso de los títulos que había obtenido por matrimonio. Dejó de ser duquesa de Feria y marquesa de Villalba. No por despecho, sino por dignidad. No quería llevar el nombre de un hombre que se había convertido en lo que se había convertido.
Y mientras él se hundía en las drogas, los juicios y el desprecio público, ella volvió a trabajar. Retomó su carrera como modelo, se convirtió en estilista para ¡Hola!, publicó libros de estilo (Cuestión de estilo en 2000, Manual de estilo en 2013, y en 2023 Naty Abascal. La eterna musa que inspira a los diseñadores de moda), y siguió siendo la misma mujer elegante de siempre .
Los amigos poderosos y la vida después del drama
A sus 82 años, Naty Abascal sigue siendo un personaje. Pero no del tipo que necesita exposición en Dueñas para que le recuerden.
Su círculo de amistades incluye a Carolina Herrera, a Giorgio Armani, al fallecido Óscar de la Renta ("Con él se va la mitad de mi vida. Era mi mejor amigo desde hace cincuenta años", dijo cuando murió). A Joan Collins, y a Jane Seymour, y a medio Hollywood cuando pasa por Madrid.
En 2019, el Museo Jumex de México le dedicó la exposición Naty Abascal ¡y la moda!. Una modelo española con exposición propia en un museo mexicano. No es cualquier cosa.
Y en lo personal, ha visto a sus dos hijos salir adelante. Rafael, el mayor, es el actual duque de Feria, casado y con familia. Luis, el pequeño, acaba de casarse con Clara Caruana en una boda íntima, y aunque ha tenido problemas con la justicia por el caso mascarillas, fue absuelto recientemente. La sombra del padre, treinta años después, sigue planeando, pero al menos esta vez la noticia fue buena.
La filósofa del armario (y enemiga mortal del chándal)
Naty no solo vive de las rentas del pasado. Sigue siendo una referencia activa en el mundo de la moda. Y tiene opiniones contundentes.
Hace meses concedió una entrevista a ABC donde soltó una perla que merece ser enmarcada: "Jamás encontrarás un chándal en mi armario. Tenía uno en los años 80. Es una prenda muy bonita para hacer deporte, pero no para salir a la calle. ¿Pero me imaginas a mí en chándal por Madrid?".
Ahí lo dejan. Mientras media humanidad va al supermercado en chándal (y algunos hasta a bodas, que se han visto), Naty Abascal reivindica la elegancia como una forma de estar en el mundo. No es postureo: es filosofía de vida.
Y para rematar: "El mayor pecado de estilo es no mirarte al espejo antes de salir de casa. El mejor consejo es vestirse con prendas que te representen, que te sienten bien y que nunca te disfracen".
Una señora que a los 82 años se mira al espejo antes de salir y sabe exactamente quién es. Ya firmaría eso más de uno.
El presente: yates, bañadores y la cuenta atrás
Porque no todo va a ser tragedia. La vida también es el yate de Valentino, las vacaciones en Porto Cervo y un bañador de Missoni que ha roto internet.
Este verano, Naty volvió a ser trending topic por una foto en la que aparece colgada de la estructura metálica de la cubierta del yate de su amigo Valentino, el TM Blue One, valorado en 15 millones de dólares . La imagen la muestra con un bañador negro de corte halter y ribetes blancos, diseño de Missoni que resultó estar disponible en Calzedonia por 24,50 euros y que se agotó en cuestión de horas por el "efecto Naty Abascal".
Sus seguidores (casi 300.000 en Instagram) enloquecieron. Los comentarios de sus amigas —Nieves Álvarez, Fiona Ferrer, Paloma Cuevas— se llenaron de corazones y halagos. Ella, mientras tanto, subtitulaba la foto: "Días de verano perfectos, los mejores amigos y el mar. Gracias siempre".
A sus 82 años, y con un cáncer de piel a sus espaldas que la ha obligado a pasar por quirófano en varias ocasiones, Naty Abascal sigue siendo la mujer que se cuelga de los yates, que presume de tipazo y que demuestra que la edad es solo un número cuando has tenido la sabiduría de cuidarte y rodearte de buena gente.
Naty es la única que ha tenido que ganarse la vida. La única que ha trabajado de verdad, con contratos, con viajes, con esfuerzo. La única que puede decir que lo que tiene no se lo debe a un mayorazgo del siglo XV, sino a su cara, a su porte y a su talento.
El titular final
Así que sí: entre Cayetana (la petarda con gracia), Isabel (la revolucionaria incómoda) y Naty (la profesional elegante), no hay color. Pero no porque una sea mejor que otra, sino porque representan cosas distintas.
Naty Abascal es la prueba de que se puede entrar en la aristocracia por méritos propios, sobrevivir a un matrimonio con un hombre que acabó siendo un monstruo, criar a dos hijos en medio del fango, y salir de todo ello con la cabeza alta, la agenda llena de amigos poderosos y un lugar en el Hall of Fame de la elegancia mundial.
Que a sus 82 años siga siendo noticia por cómo viste, por el bañador que lleva o por las vacaciones en el yate de Valentino, no por los escándalos de su exmarido o los problemas de su hijo, es quizá su mayor victoria .
Porque al final, la verdadera elegancia no es la que se luce en las portadas, sino la que se mantiene cuando todo lo demás se derrumba.
Y ella lo sabe. Por eso puede permitirse decir sin que le tiemble la voz: "Jamás encontrarás un chándal en mi armario".
Quien tuvo, retuvo. Y Naty Abascal tuvo, tiene y le sobra.
Pedrete Trigos
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