Una hipótesis sobre la datación de "Las hijas del Duque de Montpensier" de Dehodencq
Quienes me conocen saben que siento una profunda admiración por la figura de la reina Mercedes, y que mi forma de acercarme a la historia no es la del académico de despacho, sino la del artesano que se gana la vida con la aguja y el patrón. Me dedico profesionalmente a la confección de vestuario histórico para recreación, y he aprendido que la ropa es un documento tan elocuente como cualquier pergamino. Cada falda, cada cuello y cada botín cuentan una historia que a veces desmiente las cartelas de los museos.
Hoy quiero compartir con vosotros una inquietud que me lleva tiempo rondando la cabeza. Se trata de un cuadro muy conocido del Museo Nacional del Romanticismo: "Las hijas del Duque de Montpensier", obra de Alfred Dehodencq. La institución lo fecha entre 1855 y 1863, y la tradición oral lo vincula con el fallecimiento de una hermana pequeña, María Regla, en 1861, lo que explicaría el supuesto luto de las tres niñas retratadas (María Isabel, María Amelia y María Cristina, las hermanas mayores de nuestra querida Mercedes).
Sin embargo, después de mucho observar el lienzo y de contrastarlo con las fotografías de la época, me veo en la necesidad de plantear una hipótesis que, quizás, invita a revisar esa datación. Lejos de sentar cátedra (que no es mi intención), lanzo estas reflexiones al aire con el deseo de que sirvan para enriquecer el debate.
El vestuario no miente:
El primer gran escollo que encuentro es, precisamente, la indumentaria. Si hemos de creer que estas niñas son las infantas Montpensier en 1861, el vestuario que lucen resulta extrañamente moderno para esa fecha.
La falda y el miriñaque: En 1861, la silueta infantil noble estaba dominada por la crinolina o miriñaque. Las faldas eran amplias, acampanadas y con gran volumen. Sin embargo, en el cuadro de Dehodencq las faldas caen rectas, con un peso y una caída que anuncian la moda de la década de 1870, cuando el volumen exagerado empezó a abandonarse en favor de líneas más estilizadas.
El peinado: La costumbre andaluza, muy extendida en la corte sevillana de los Montpensier, dictaba que las niñas llevaran el pelo recogido de forma tirante o muy corto para que les creciera más fuerte. En las fotografías que circulan de las hermanas de Mercedes, todas lucen ese aspecto. Sin embargo, en el cuadro vemos a tres niñas con el cabello suelto, con ondas y una libertad formal que no encaja con la rígida etiqueta de la época. Este estilo es mucho más propio de finales de la década de 1870.
El cuello y el "choker": Los cuellos abiertos y, sobre todo, el collar ajustado o choker que luce una de ellas, es un detalle que llama poderosamente la atención. La moda infantil de mediados de siglo abogaba por cuellos cerrados y altos, a menudo con adornos de encaje. El choker era un accesorio de adulto que no se popularizó entre las jóvenes hasta décadas posteriores.
El calzado: Este es, quizás, el detalle más revelador. Las niñas calzan botines de mediacaña con tacón. En 1861, el calzado infantil de la realeza era plano, con botines que apenas cubrían el tobillo. Un tacón en una niña de esa edad y rango era sencillamente impensable.
- La infanta Luisa Fernanda con sus hijos
- (Isabel, Amelia, Cristina, Fernando y Mercedes)
El protocolo de luto: una norma inquebrantable
Otro punto que me hace dudar es el contexto de luto. Si, como se ha repetido, el cuadro se pinta en 1861 para conmemorar o retratar a las niñas tras la muerte de su hermana María Regla, el tratamiento del vestuario y la pose resulta contradictorio con el estricto protocolo de la Corte española.
Las normas de luto en la realeza europea eran férreas. El color negro era obligatorio en su máxima expresión, sin concesiones a la alegría. Sin embargo, en el lienzo vemos lazos de colores azules y rosas adornando cinturas y cabelleras. Además, la pose resulta excesivamente relajada e informal para un retrato oficial de luto. Por muy vanguardista que fuera Dehodencq, resulta difícil creer que la etiqueta palaciega hubiera permitido semejante licencia en un retrato de unas infantas.
La vía genealógica:
¿y si fueran las hijas de los Condes de París?
Ante estas incongruencias, mi mente empezó a buscar alternativas. ¿Podrían ser estas niñas las hijas de Isabel de Orleans, condesa de París, la primogénita de los Montpensier? La idea tenía cierto sentido, pues el cuadro podría estar retratando a la siguiente generación.
Pero al cruzar fechas, la hipótesis se desmorona. La tercera hija de los condes de París, Isabel de Orleans (duquesa de Guisa), nació en 1878. Dehodencq falleció en 1882. La niña más pequeña del cuadro aparenta tener más de 4 años, pero si hubiera sido pintada entre 1878 y 1882, esa niña tendría entre 0 y 4 años, una edad que no se corresponde con la fisonomía de la retratada. Este sencillo ejercicio de contraste de fuentes descarta por completo esa posibilidad.
Una hipótesis abierta a debate
Con todo esto, me atrevo a lanzar una hipótesis, siempre con la humildad de quien sabe que las investigaciones nunca están cerradas: el cuadro no fue pintado en 1861, ni tampoco representa a las hermanas de Mercedes en la fecha que se supone.
Todos los indicios apuntan a que el lienzo fue ejecutado, como mínimo, una década después, quizás a mediados o finales de la década de 1870. La moda representada es claramente posterior a la crinolina. El protocolo de luto no se cumple. Y la opción de que sean las hijas de los condes de París no encaja por edad.
¿Qué tenemos entonces? Podría tratarse de un retrato de otra rama de la familia Orleans que la tradición ha atribuido erróneamente a los Montpensier. O que ni siquiera estas niñas pertenezcan a la familia de Mercedes.
Desde aquí, lanzo esta reflexión al aire con el único ánimo de que los responsables del museo o los estudiosos de la obra se animen a revisar el lienzo con otros ojos. Quizás un análisis técnico de los pigmentos, de la preparación del lienzo o la consulta de la correspondencia de Dehodencq pueda arrojar luz sobre el misterio.
Mientras tanto, yo seguiré disfrutando del oficio de mirar, de coser y de descoser la historia, convencido de que a veces, para entender un cuadro, hay que saber más de telas que de pinceles.
Pedrete Trigos
Nota del autor: Este artículo no pretende contradecir la labor de los historiadores profesionales, sino aportar una visión complementaria desde la experiencia práctica en indumentaria histórica. Agradezco de antemano cualquier corrección o aportación que enriquezca este debate.









