lunes, 7 de septiembre de 2026

El último latido del duque: La trágica historia de Torre Breva

 

Entre los campos de viñedos que separan Sanlúcar de Barrameda de Rota, se esconde una historia de ambición, amor y muerte. Es la historia de Torre Breva, la finca donde el duque de Montpensier, aquel príncipe francés que soñó con ser rey de España, encontró su final. No en un campo de batalla ni en una conspiración palaciega, sino en una jornada de caza, víctima de un ataque de apoplejía que puso fin a sus días. Y junto a esa historia, otra más íntima y legendaria: la de "La Julia", una casa que pudo ser el refugio de una amante secreta.



De coto de caza a viñedo próspero

En 1860, Antonio de Orleans, duque de Montpensier, compró la finca Torre Breva. En aquel momento, era principalmente un coto de caza, un lugar donde la aristocracia andaluza practicaba su pasión por la cinegética. Pero Montpensier, que era mucho más que un cazador, vio en aquellos terrenos un potencial agrícola inmenso.

El duque, conocido por su espíritu práctico y administrador, transformó Torre Breva en una gran explotación agrícola. Su principal apuesta fue la vid. Extensas áreas se dedicaron al cultivo de la uva de mesa, una decisión que no fue casual: la comarca de Sanlúcar y Rota era, y sigue siendo, una zona vitivinícola de larga tradición.

La finca se convirtió en un importante viñedo que permaneció en su poder hasta su muerte. Incluso hoy, el nombre "Torre Breva" pervive en la viticultura de la zona, como testimonio de aquella apuesta agrícola del duque.

La muerte del duque: El día que se apagó la ambición



El 4 de febrero de 1890, el duque de Montpensier se encontraba cazando en el Coto de Torre Breva. No era un día especial, sino una jornada más de su rutina cinegética. Pero aquel día, la muerte le sorprendió.

Sufrió un ataque de apoplejía y falleció en el mismo lugar. Las fuentes coinciden en que fue en la finca, aunque existen versiones más detalladas:

Una leyenda, difícil de verificar, sitúa el incidente mientras cabalgaba hacia la "Casa de San Lorenzo" o "La Julia".

Otra fuente indica que falleció al caer de su caballo en un campo cercano a aquella casa.

Las crónicas de la época señalan que su cuerpo fue trasladado primero a su palacio en Sanlúcar para ser velado. Posteriormente, se le rindieron honores de Capitán General y fue enterrado en el Panteón de Infantes del Monasterio de El Escorial, junto a su esposa Luisa Fernanda y varias de sus hijas.

El lugar exacto del fallecimiento se encontraba, curiosamente, en el término municipal de Rota (entonces conocido como "La Rota"), motivo por el cual algunas fuentes antiguas lo mencionan así. Allí se levantó un cenotafio o cruz que señalaba el lugar, pero hoy ya no existe, engullido por los invernaderos que han transformado el paisaje.

La leyenda de "La Julia": Amor, misterio y ruina



Junto a la finca de Torre Breva existe una pequeña construcción neomudéjar que ha alimentado la leyenda durante décadas. Se trata de una casa que, según la tradición popular, mandó construir el duque para su amante, una mujer llamada Julia. De ahí el nombre de "Casa de San Lorenzo" o "La Julia" con el que se la conoce.

Pero, ¿fue realmente la casa de una amante secreta? Las fuentes discrepan:

La explicación más pragmática sostiene que era simplemente la casa del guarda del coto, una construcción necesaria para la vigilancia de las extensas viñas.

La versión más romántica afirma que fue un regalo para su amante, argumentando que el estilo y el lujo de la construcción serían excesivos para un simple guarda.

La leyenda popular añade un detalle aún más dramático: tras la muerte del duque, su viuda, la infanta Luisa Fernanda, habría hecho desaparecer a Julia, y la casa fue ocupada por el guarda. Como en toda buena leyenda, la verdad se difumina entre la historia y el mito.

Lo que es cierto es que, en la actualidad, la "Casa de San Lorenzo" se encuentra en estado de ruina y abandono. Tanto es así que fue incluida en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra por su grave deterioro, un símbolo más del olvido que ha afectado a muchas de las propiedades del duque.

Hoy: Invernaderos y silencio

La finca Torre Breva ha cambiado de manos y su uso agrícola se ha mantenido, pero su historia permanece ligada al duque de Montpensier. Hoy en día, la zona ha sido rodeada por invernaderos que han transformado el paisaje que el duque conocía.

El antiguo cenotafio o cruz que señalaba el lugar del fallecimiento ya no existe. El lugar donde el duque, aquel príncipe francés que llegó a España con el sueño de ser rey, exhaló su último aliento, ha sido borrado por el tiempo y la modernidad.

Pero la historia, la leyenda y el misterio de Torre Breva siguen vivos. En sus viñas, en su tierra, y en los muros derruidos de "La Julia", el duque de Montpensier sigue presente, recordándonos que incluso los sueños más ambiciosos pueden terminar en un rincón perdido entre viñedos, al borde del mar.

Pedrete Trigos

viernes, 4 de septiembre de 2026

El refugio de caza de los Montpensier: El Palacio de Orleans en Villamanrique de la Condesa

 

Entre las numerosas propiedades que los duques de Montpensier atesoraron en Andalucía, hay una que destaca por su vocación más lúdica y campestre: el Palacio de Orleans en Villamanrique de la Condesa. Concebido como refugio para las temporadas de caza, este edificio se convertiría en el legado de la hija primogénita de los duques, una infanta apasionada por el rejoneo que dio nombre al pueblo que la acogió.

Un palacio para la caza: Los orígenes

A mediados del siglo XIX, los duques de Montpensier, ya instalados en Sevilla, buscaban un lugar donde retirarse durante las temporadas de caza. Encontraron el escenario perfecto en Villamanrique, una pequeña localidad del Aljarafe sevillano, rodeada de dehesas y bosques propicios para la práctica cinegética. 

Sobre una antigua construcción del siglo XVI que había pertenecido a los Manríquez de Zúñiga, los duques mandaron levantar una casa palacio. En el diseño participaron arquitectos franceses, que supieron combinar la tradición de la vivienda rural andaluza con influencias de la estética francesa. El resultado fue un edificio de planta cuadrada organizado en torno a un patio central, con muros encalados y un característico zócalo pintado de azul añil.

El palacio, rodeado de amplios jardines de estilo romántico, fue concebido como un refugio para las temporadas de caza de la familia. En sus jardines, muy similares a los de San Telmo, se intercalaban frutales, setos recortados y plantas ornamentales. El conjunto se completaba con edificaciones auxiliares como cocheras y cuadras, todo ello pensado para albergar a la comitiva ducal durante sus estancias cinegéticas.

La heredera: María Isabel de Orleans, Condesa de París

A la muerte del duque de Montpensier en 1890, la propiedad pasó a su hija primogénita, María Isabel de Orleans y Borbón (1848-1919). La infanta, nacida en el Real Alcázar de Sevilla, había contraído matrimonio en 1864 con su primo Felipe de Orleans, Conde de París, convirtiéndose así en Condesa de París.

María Isabel era una mujer de carácter, apasionada de la caza y del rejoneo. No en vano, el palacio de Villamanrique, concebido originalmente para las temporadas de caza de sus padres, se convirtió en su residencia predilecta. Allí pasaba largas temporadas, disfrutando de las dehesas del Aljarafe y de la vida campestre que tanto amaba.

Fue en este palacio donde falleció el 23 de abril de 1919, a los 70 años de edad. Sus restos fueron trasladados a Inglaterra para ser enterrados en la Capilla real de Dreux, panteón de la familia Orleans.

Un pueblo que honra a su condesa

El vínculo entre la infanta y Villamanrique fue tan profundo que, en 1916, el rey Alfonso XIII decidió cambiar el nombre del municipio de Villamanrique de Zúñiga a Villamanrique de la Condesa en su honor. El nuevo nombre rendía homenaje a su título de Condesa de París, perpetuando así su memoria en la toponimia del pueblo que tanto amó. 

El palacio, que desde entonces se conocería también como Palacio de Orleans o Palacio de Villamanrique de la Condesa de París, se convirtió en un elemento central del desarrollo urbano y económico de la localidad.

Un legado que perdura

La propiedad permaneció en manos de la familia Orleans-Borbón durante generaciones. En 1944, Pedro de Orleans y Braganza, descendiente de la familia, se instaló en la casa palacio, donde residió hasta su fallecimiento en 2007.

En reconocimiento a su valor histórico y artístico, la Junta de Andalucía incoó en 2007 el procedimiento para declarar el Palacio de Orleans como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de monumento. La declaración, que se hizo extensiva a sus jardines y a todo el espacio circundante, protegía así una de las muestras más significativas del mecenazgo cultural de los duques de Montpensier en la provincia de Sevilla.

Un palacio con historia

El Palacio de Orleans en Villamanrique de la Condesa es mucho más que una residencia campestre. Es el testimonio de una época en la que la aristocracia buscaba en el campo el descanso y la distracción. Es el reflejo del gusto ecléctico de los Montpensier, que supieron combinar la tradición andaluza con la elegancia francesa. Y es, sobre todo, el legado de una infanta que amó tanto este rincón del Aljarafe que el pueblo que la acogió decidió honrarla para siempre en su nombre.

Hoy, sus muros encalados y su patio de mármol blanco siguen en pie, testigos mudos de una historia que comenzó con un duque que soñaba con ser rey y que continuó con una condesa que encontró en la caza y en el campo la felicidad que no siempre halló en las cortes.

Pedrete Trigos