Introducción: El tablero político en 1871-1872
La primavera de 1871 era un momento de profunda incertidumbre para España. El país llevaba tres años sumido en el Sexenio Democrático (1868-1874), un período de convulsiones políticas que había comenzado con el destronamiento de Isabel II en la Revolución de 1868 —conocida como "La Gloriosa"— y había continuado con la breve y accidentada experiencia del reinado de Amadeo I de Saboya.
Isabel II, exiliada en París, había abdicado sus derechos dinásticos en 1870 en favor de su hijo, el príncipe Alfonso de Borbón, quien contaba entonces con trece años. El joven príncipe se encontraba estudiando en el Theresianum de Viena, una prestigiosa academia para la nobleza, alejado de la política española pero convertido en la gran esperanza de los sectores monárquicos.
Mientras tanto, en España, la Primera República proclamada en 1873 tras la abdicación de Amadeo I se mostraba frágil e inestable. La búsqueda de una restauración borbónica se convirtió en el objetivo de un grupo cada vez más numeroso de políticos, militares y aristócratas que veían en el joven Alfonso la solución para poner fin al caos republicano.
En este contexto, dos figuras clave del exilio borbónico —la reina madre María Cristina (abuela de Alfonso) y su yerno Antonio de Orleans, duque de Montpensier— comenzaron a tejer una alianza que cambiaría el curso de la historia de España.
El encuentro clave: la visita de Montpensier a Viena
A finales de 1871, Antonio de Orleans, duque de Montpensier, tomó una decisión estratégica que marcaría el inicio de las negociaciones: viajó a Viena para visitar a su sobrino, el príncipe Alfonso, en el Theresianum.
Este encuentro no fue una simple visita familiar. Montpensier, que por entonces residía en Francia —concretamente en la Villa Talbot de Cannes, una casa construida hacia 1870 donde pasó el invierno de 1871-1872—, era consciente del valor simbólico de su gesto. Al desplazarse personalmente a Viena, demostraba públicamente su apoyo a la causa alfonsina, enviando un mensaje claro a las cortes europeas y a los partidarios de la Restauración en España: se estaba alineando con el bando de Alfonso.
La estrategia de las fotografías fue aún más inteligente. Montpensier se hizo retratar junto a su sobrino y distribuyó las imágenes por las principales cortes europeas. Esta campaña de imagen perseguía un doble objetivo: legitimar la candidatura de Alfonso ante la comunidad internacional y demostrar que la Casa de Orleans y la rama borbónica encarnada por el joven príncipe estaban unidas. En un momento en que la monarquía española estaba en el aire, estas fotografías funcionaban como una poderosa herramienta de propaganda dinástica.
La visita a Viena fue, en definitiva, el preludio perfecto para el acuerdo que se fraguaría semanas después en la Costa Azul.
La reunión en la Villa Talbot (Cannes), 15 de enero de 1872
El 15 de enero de 1872, en la Villa Talbot de Cannes, se formalizó uno de los pactos políticos más trascendentales de la España del siglo XIX: el denominado "Convenio de Cannes" o "Pacto de Cannes".
Los protagonistas fueron María Cristina de Borbón-Dos Sicilias —la ex reina gobernadora, abuela de Alfonso y artífice de la iniciativa— y Antonio de Orleans, duque de Montpensier. La firma del acuerdo, que había sido negociado por los representantes Goicoerrotea y Pidal con el duque, establecía los siguientes pilares fundamentales:
Apoyo político a la candidatura de Alfonso
Montpensier se comprometía a respaldar activamente la candidatura de Alfonso de Borbón como rey de España, asumiendo la dirección del movimiento restaurador alfonsino. Este respaldo era crucial, ya que Montpensier, casado con la infanta Luisa Fernanda (hermana de Isabel II), contaba con una red de influencias y contactos que podía ser decisiva para el éxito de la empresa.
Una regencia compartida
El segundo pilar del pacto era aún más ambicioso: si Alfonso era proclamado rey siendo menor de edad, la regencia sería ejercida conjuntamente por María Cristina y Antonio de Orleans. El acuerdo, en palabras de la documentación de la época, incluía "la regencia para Montpensier durante la minoría de edad del príncipe Alfonso, en el caso de que fuera proclamado rey de España".
Además, el convenio incluía el acuerdo de no convocar Cortes Constituyentes, lo que revelaba la intención de los firmantes de controlar el proceso de restauración sin someterlo a la volatilidad de unas elecciones generales.
Un pacto de duración limitada
El Pacto de Cannes estuvo en vigor hasta el 18 de enero de 1873, cuando Montpensier devolvió los poderes a la reina. La corta vida del acuerdo se debió a las tensiones internas dentro del propio movimiento alfonsino y a la desconfianza mutua entre el duque y otros líderes de la causa, como el general Serrano.
El papel de Isabel II: la arquitecta del pacto
Aunque Isabel II no estuvo físicamente presente en la Villa Talbot el día de la firma, su papel en el acuerdo fue decisivo. La ex reina, exiliada en París, fue la principal impulsora y financiadora del pacto.
La financiación del acuerdo
Para promover la candidatura de Alfonso se necesitaba dinero, pero el duque de Montpensier se negó a aportar nada y, en cambio, solicitó a Isabel II dos millones de reales. La respuesta de Isabel fue inmediata y contundente: "aunque ahora no tengo ese dinero disponible, doy las órdenes para que se ponga ese dinero en poder del marqués de Alcañices en el plazo más breve posible".
Esta promesa, que Isabel II cumplió, demuestra hasta qué punto la ex reina estaba dispuesta a invertir sus recursos personales —y los que pudiera movilizar— para asegurar el trono para su hijo. El marqués de Alcañices, uno de los aristócratas más influyentes del momento, se erigió como el cabeza de la oposición política de la alta nobleza a los gobiernos surgidos tras la Revolución de 1868, asumiendo el liderazgo social de la empresa alfonsina.
La reconciliación familiar
El acuerdo de Cannes también suponía un paso fundamental para la reconciliación de las dos hermanas, Isabel II y Luisa Fernanda (esposa de Montpensier). Las dos ramas de la familia, enfrentadas durante años por rivalidades dinásticas y personales, necesitaban enterrar sus diferencias para que el plan de la Restauración pudiera funcionar.
Esta reconciliación, que se materializaría meses después en el castillo de Randan, fue un requisito indispensable para que el pacto político y el matrimonio dinástico pudieran llevarse a cabo.
El compromiso matrimonial entre Alfonso y Mercedes
El acuerdo de Cannes no se limitó a aspectos políticos. Incluía también el compromiso matrimonial entre el príncipe Alfonso y su prima María de las Mercedes, hija de los duques de Montpensier.
Este matrimonio, que algunos autores han puesto en duda si formaba parte explícita del pacto, era la pieza que sellaba la alianza entre las dos ramas familiares. No era solo una cuestión de amor —que acabaría siendo muy real— sino una operación política de primer orden: el matrimonio del futuro rey con la hija de su principal valedor garantizaría la lealtad de Montpensier y consolidaría la unidad de la familia borbónica.
La formalización en Randan
El compromiso se formalizó en la Navidad de 1872, cuando Isabel II y Alfonso fueron invitados por los duques de Montpensier al castillo de Randan, su residencia en la Auvernia francesa. Fue allí donde Alfonso, de quince años, se enamoró de María de las Mercedes y se comprometieron a casarse.
Alfonso, a sus quince años, le prometió a Mercedes que si algún día llegaba a ser rey, ella sería su reina. Aquella promesa, hecha en la intimidad de un castillo francés, se cumpliría años después, aunque el destino reservaría a la joven pareja un final trágico.
El pacto que nunca se aplicó
A pesar de la cuidadosa planificación y de las altas expectativas depositadas en el Pacto de Cannes, el acuerdo nunca llegó a aplicarse en su totalidad.
El Pronunciamiento de Sagunto
El 29 de diciembre de 1874, el general Arsenio Martínez Campos encabezó un pronunciamiento militar en Sagunto que proclamó rey a Alfonso XII. El gobierno de Serrano, que presidía la Primera República, no opuso resistencia y entregó inmediatamente el poder a los alfonsinos.
Cuando Alfonso fue proclamado rey, ya contaba con diecisiete años. Esta edad se consideraba suficiente para gobernar sin necesidad de una regencia, por lo que la cláusula del Pacto de Cannes que establecía una regencia compartida entre María Cristina y Montpensier quedó sin efecto.
El matrimonio con Mercedes
El compromiso matrimonial, en cambio, sí se cumplió. Tras su proclamación, Alfonso XII renovó el juramento de amor que había hecho a María de las Mercedes en Randan en 1872. La boda se celebró el 23 de enero de 1878 en la Basílica de Atocha de Madrid.
Sin embargo, la felicidad de la pareja duró poco. María de las Mercedes falleció el 26 de junio de 1878, apenas cinco meses después de la boda, víctima de una fiebre tifoidea. El rey, desolado, nunca superó del todo la pérdida de su amada esposa.
Conclusión: un acuerdo clave para la Restauración
Aunque el Pacto de Cannes no se aplicó literalmente —porque Alfonso XII fue proclamado rey siendo ya mayor de edad—, fue el germen de la Restauración borbónica.
El acuerdo sentó las bases para la reconciliación familiar entre las dos ramas de los Borbones, allanó el camino para el retorno de la monarquía y demostró que, pese a las rivalidades personales, la dinastía era capaz de unirse en torno a un objetivo común.
Montpensier, que había sido director del movimiento restaurador alfonsino durante el breve período de vigencia del pacto, cumplió su parte del acuerdo. Cuando Cánovas del Castillo recibió, el 22 de agosto de 1873, la carta de Isabel II y Alfonso otorgándole plenos poderes para hacer triunfar la Restauración, el trabajo de extensión de los círculos alfonsinos por toda España ya estaba culminando.
El Pacto de Cannes fue, en definitiva, el primer paso de un largo camino que devolvería a los Borbones al trono de España y pondría fin a la inestabilidad del Sexenio Democrático. Un pacto secreto firmado en una villa de la Costa Azul que, aunque nunca se aplicó al pie de la letra, cambió para siempre el rumbo de la historia de España.
Pedrete Trigos







