martes, 20 de agosto de 2013

Paul Poiret.

    Modisto, decorador, pintor, escritor, conferenciante, fue un artista total, un amante del color y de la vida. Su influencia en la moda ha sido incuestionable y, todavía hoy en día, resulta imprescindible acercarse a sus creaciones para tener una visión completa de la misma. En 2007 el Metropolitan de Nueva York le dedicó una gran exposición: Paul Poiret. El Rey de la Moda, donde se podían ver algunas de las grandes piezas de indumentaria creadas por este genio.


     Paul Poiret (20 de abril de 1879, París- 30 de abril de 1944, París) nació en un ambiente propicio a los placeres sensuales, pues sus padres eran comerciantes de telas en el barrio de Les Halles, el célebre mercado textil parisino, en aquella época el "ombligo" de un París embellecido gracias a las intervenciones urbanísticas de Haussman. El padre regentaba un negocio de paños y la madre se ocupaba del hogar que contaba con otras tres hijas, además de Paul. Quizá ese ambiente mayoritariamente femenino hizo que, desde muy temprana edad, Poiret manifestara un gusto notable por las telas y los figurines de moda de los periódicos de la época. Él mismo cuenta como disfrutaba cuando salía con su madre y visitaba las tiendas de ropa y cosméticos.

    Desde muy joven se interesó por la cultura en sus diferentes expresiones: gran aficionado al ballet, al teatro, la pintura y la decoración, en definitiva, una tendencia al artista completo. En una época propicia para ello, en la que el arte fluía en París de una manera casi natural, las Exposiciones Universales de 1889 y 1900 había servido para poner en contacto propuestas y sensibilidades en muy diferentes ámbitos. También los Salones de Pintura de la época (sobre todo los no oficiales) tuvieron una gran influencia en Poiret, que los visitaba de un modo asiduo y en donde conoció la pintura impresionista y entró en contacto con artistas como Derain o Vlaminck o ilustradores como Paul Iribe.


     Terminó los estudios secundarios obligado por su padre y, acto seguido, entró como aprendiz y chico de los recados en el taller de un fabricante de paraguas. Su talante artístico y su convencimiento de que no había nada más importante que la apariencia externa, le condujeron hacia su auténtica vocación: el diseño de ropa. Así, pedía a su jefe los retales de seda que sobraban después de confeccionar los paraguas y por las noches elaboraba extravagantes vestidos que probaba a una de las muñecas de sus hermanas. Vendió algunos bocetos a la diseñadora Madeleine Cheruit, (una de las encargadas de Raudnitz-Soeurs) que le compró doce modelos y le pagó veinte francos por cada uno, entre los cuales estaba el diseño de una capa roja que fue un éxito total entre el público. Su carrera en la moda había empezado, y el momento no podía ser más propicio: Arrancaba la Belle Époque, que abarcó desde 1895 hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.

    A partir de este momento entró en contacto con diferentes casas de moda, hasta que en 1896 el Sr. Doucet le propuso trabajar en exclusiva para él, junto al cual continuó su formación de diseño y costura, pero aprendió también algo que sería fundamental en su trayectoria posterior: la importancia de tratar bien a sus clientes. El primer modelo creado por Poiret para Doucet fue una esclavina con tiras de paño recortado alrededor del cuello. Se vendió cuatrocientas veces. También realizó gran número de trajes de chaqueta y falda ceñida a la cintura, que se llevaban sobre corsés. Su salario llegó a ser de quinientos francos, suma muy elevada para un joven diseñador. Fue una época de mucho aprendizaje y de contactos. Por la casa Doucet pasaban vedettes, actrices, cantantes de ópera, etc. Todo iba bien pero acabó siendo despedido de Doucet por cierta opinión negativa vertida sobre una revista protagonizada por la actriz Sarah Bernhadt, para la que Poiret había diseñado en 1900 el vestuario con que aparecía en la obra L'Aiglon (su primer papel masculino), lo que hizo que Doucet se desprendiera de su joven ayudante.


     Por esta misma época tuvo que acometer el servicio militar, donde no encajó demasiado bien la estricta disciplina. En 1901, cuando se licenció, volvió a entrar en contacto con la alta costura, en concreto con Gaston Worth, hijo del mítico Charles Frederick Worth, y contable de la firma en este momento, mientras que su hermano, Jean Worth, se ocupaba de la parte creativa, aunque casi en exclusiva dedicado a crear indumentaria de gala. Gaston veía como, cada vez con mayor frecuencia, sus clientes, a pesar de su alcurnia, le solicitaban “ropa de calle” más cómoda para los distintos ocios que iban surgiendo y para los que la ropa tan engalanada no era nada práctica. Sin embargo, su hermano Jean, no estaba dispuesto a “degradar” su arte creando tales prendas. Por esta razón Gastón le ofrece a Poiret encargarse de esta sección más mundana de la casa Worth. Poiret aceptó y realizó numerosos trajes sastre que se vendieron muy bien. A pesar de la buena aceptación de las prendas, el trabajo de Poiret no era valorado por Jean, ni por las empleadas de la casa, llegando incluso a sufrir algún que otro desprecio. Un día llegó a la tienda la Princesa Bariatinsky, lo que produjo gran revuelo, y Poiret, aprovechando la ocasión, mientras las modelos se preparaban para pasarle los diferentes diseños, le enseñó un abrigo de influencia oriental. La reacción fue de rechazo total. Ese día Poiret se guardó su orgullo.

    Poco después, en 1903, se le presentó la ocasión de abrir su propio negocio. La tienda se situó en el número 5 de la rue Auber. En cuanto abrió sus puertas toda la sociedad parisina desfiló por allí y una de sus prendas estrella fue el abrigo “Confucius”, que tanto había horrorizado a la citada princesa. Su primera cliente fue la entonces admiradísima e imitadísima actriz Réjane. Tres años más tarde Poiret era una celebridad conocida allá donde fuera y en cuyas fiestas se reunía el tout París.


     En 1905 se casó con Denise Boulet, que se convertiría en su musa inspiradora y con quien tuvo sus cinco hijos (Rosine, Martine, Colin, Perrine, y Gaspard). Años después se divorciaron en pésimos términos.

    En 1906 Poiret se traslada al número 37 de la rue Pasquier, una calle más amplia y, por tanto, más apropiada para acoger la afluencia de público. El local, un antiguo hotel, no contaba ni con escaparates ni rótulo. A pesar de todo, todas las grandes damas de París acudieron a su tienda, entre ellas Mrs. Asquith, a la que conoce en París y la que le introduce posteriormente en Londres. Es en esta época cuando Poiret introduce sus grandes innovaciones en lo que a la moda se refiere. Impulsó una cierta liberalización de la figura femenina, pues alargó el corsé hasta las caderas y redujo considerablemente el número de prendas interiores; sin embargo, seguían pareciéndole absurdas aquellas mujeres de curvas prominentes, así que volvió los ojos hacia el siglo anterior y retomó las líneas del Directorio francés para crear un modelo sencillo que se entallaba debajo del pecho y caía libremente hasta los pies. Lo llamó La Vague “la Ola”, pues parecía rodear el cuerpo en ondas marinas. El modelo estaba concebido para su esposa Denise Boulet, y que era, con su figura delgada y atractiva, la mejor modelo de los diseños de su esposo. Posteriormente elimina el uso del corsé a favor del sostén, liberando el cuerpo de la mujer y terminando de este modo con la silueta en “S”. Al buscar restaurar la naturalidad de los atuendos femeninos, Poiret fue responsable en parte de la obsolescencia del corsé. El motivo por el que Paul Poiret empezó esta batalla contra el corsé fue que encontraba ridículas a las mujeres de busto curvo y trasero prominente. La nueva mujer del diseñador era modesta, joven y de movimientos descaradamente libres. Bajo sus vestidos se escondía una hermosa figura y no un buen corsé. Pero la desaparición del corsé no era lo único que hacía parecer a las mujeres más jóvenes y atractivas, también contribuyeron a ello los colores vivos y estampados sencillos. Además, los densos tonos pastel propios de la belle époque dejaron paso a bellos estampados de tipo oriental. Fue uno de los promotores del estilo japonés, con la creación de unos vestidos tipo kimono, exóticos y vaporosos, que lucían las bailarinas Isadora DuncanMata-Hari. Para rematar el efecto, Poiret desterró las medias negras y cubrió las piernas con seda de color carne, que hacían el efecto de llevar las piernas desnudas. Sus creaciones solían estar adornadas con borlas, capas o chales con plumas de colores y estolas de zorro, que concedían un aire escénico a sus diseños. Lamentablemente su estilo pronto comenzó a degenerar. Cada vez subía más el talle, y en consecuencia, los pechos. Además, sus escotes eran cada vez más pronunciados y sus faldas más estrechas.


    En 1908 publicó un libro titulado Les robes de Paul Poiret, cuyas ilustraciones, obra de Paul Iribe, mostraban modelos elegantes y sencillos, ligeramente entallados, con los que se había hecho famoso. De su mano llegó también en 1911 otro folleto de moda, Les choses de Paul Poiret... vue par Georges Lepape (Las cosas de Paul Poiret... vistas por Georges Lepape), ilustrado por Lepape, uno de los más famosos ilustradores de su época. Ese mismo año presentó ante el público su falda tubo, la famosa jupe entravée, conocida también como "falda de medio paso" porque si bien liberaba las caderas, se estrechaba considerablemente entre la rodilla y el talón, hasta el punto de que sólo permitía a las mujeres caminar a pasitos (de ahí su nombre). El modelo desató una apasionada polémica entre el público, que pensaba que la genialidad de Poiret empezaba a degenerar, y no tuvo una vida demasiado larga. En esta ocasión las mujeres no siguieron los dictados del genio. Esto no preocupó mucho a Poiret, que siguió vistiendo a la mujer a su antojo con caftanes, quimonos y pantalones bombachos, y cubriéndola con velos, túnicas y turbantes. El lujo en todo su esplendor, bordados de vivos colores, puntillas de oro y plata, perlas y plumas. Paul Poiret fue el primer modisto en lanzar su propio perfume (diez años antes que la propia Coco Chanel) y en 1911 se aseguró un escándalo de inmejorables repercusiones publicitarias al presentar su falda pantalón, que recibió la condenación del mismísimo Pío X

    Hacia 1909, vuelve a cambiarse de local, esta vez a la Avenida d´Antin, una casa con unos amplios jardines que fueron testigo de numerosas fiestas, entre las más célebres la de las mil y dos noches, todo un despliegue de creatividad en el que Poiret disfrutaba con sus amigos y que pone de manifiesto uno de los rasgos que han definido la personalidad de este artista: la excentricidad. También en estos momentos se produce una ola de orientalismo y un estallido del color, acabando con la paleta de tonos empolvados, y así, aparecían las pieles ornando los vestidos, los pañuelos y los adornos de pedrería para el cabello. El punto de partida de esta tendencia no sabemos si arranca con Poiret o con el Ballet Ruso. En cualquier caso, ambos jugaron un papel decisivo. Es la época en la que Leon Bakst diseña el vestuario para Schéhérazade, Poiret lo plasma en la ropa de calle, y surgen sus grandes creaciones de aire oriental. Lo oriental era el último grito tras el éxito en 1909 de los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev en París, que influenciaron en las artes, la moda y en definitiva, el estilo de la década. En esta misma línea exótica llegaron sus turbantes, caftanes, airones (una especie de tocados formados por grandes plumas de avestruz), pantalones de odalisca, etc., una serie de opulentas prendas de seda, brocados fastuosos y lamés de colores vivos, una pasión por todo lo oriental sin precedentes entre el público.


    Hacia  1911 Poiret se traslada a la rue Faubourgh Saint-Honoré, en el número 107. Por esta casa desfilaron durante más de quince años toda la vida parisina, la exótica y la más refinada. La primera planta estaba dedicada a salón de pruebas y allí tenían lugar los pases de modelos tal y como hoy los conocemos, aunque el primero en utilizar maniquís humanos fue Charles Frederick Worth. Este local también fue la sede de las dos empresas que Poiret creó para sus dos hijas, para Rosine, la mayor, un negocio de perfumes: Parfums de Rosine, y para Martine, la hija menor creó Les Ateliers de Martine, que era un taller de artes aplicadas donde daba empleo a jóvenes sin preparación para diseñar telas, tapices y muebles que luego eran elaborados por expertos artesanos. Las dos tuvieron una gran aceptación, aunque acabaron cayendo en desgracia y fueron afectadas con el crack de 1929. En esa misma época presentó uno de sus modelos más famosos, la "pantalla": una túnica corta armada con alambre en su parte baja (de manera que quedaba formando un círculo), la cual se llevaba sobre una falda larga y ceñida. Por aquel entonces sacó al mercado sus propios accesorios para vestir y para el hogar, creando un sello estético propio. Poiret no podía calificarse únicamente de modisto, pues era capaz de vender desde complementos hasta elementos de interiorismo. 


    En 1912 emprendió un viaje por Europa acompañado de un grupo de modelos para mostrar sus creaciones y cosechar nuevas ideas, aunque el resultado de estas aventuras no fuera satisfactorio del todo, porque le sometían a innumerables registros en las aduanas y no entendían el propósito de esas visitas. Probablemente era algo demasiado moderno para la época.  Estuvo en Londres, Berlín, Viena, Moscú, Marruecos, con el que estaba fascinado, y otras ciudades europeas. Al año siguiente, se presentó en Nueva York, aunque él mismo confesaría en sus memorias que no terminaba de conectar con el gusto americano, llevando consigo un documental sobre una de sus colecciones para mostrarlo a las potenciales clientes norteamericanas, que fue confiscado por su contenido "pornográfico" (aparecían mujeres en falda-pantalón). Durante estas incursiones fuera de Francia tuvo ocasión de comprobar cómo, en todas partes del mundo, se copiaban sus diseños, sus estampados y su estilo, así que, a su vuelta a Francia en 1914 se involucró en la creación del Sindicato para la Defensa de la Alta Costura Francesa, en lo que constituyó un intento de proteger las creaciones originales de los diseñadores de las copias piratas.

    Pero el creador no fue un visionario, simplemente vivió integrado en su época, en los años previos a la I Guerra Mundial. Durante ésta, el diseñador fue movilizado y, al regresar del frente comprobó con horror que todo había cambiado. Poiret no pudo comprender que la guerra había hecho más por la independencia de las mujeres que la moda. Decidido a recuperar su anterior preeminencia, creyó que podría recuperar a su antigua clientela dando lujosas fiestas y exposiciones que, lejos de volver a auparle, le llevaron a la ruina.  Amargado al ver como otros triunfaban con sus ideas, y abandonado por su mujer, se retiró a la Provenza y pasó sus últimos años entregado a la pintura. En 1924-25 se hizo construir por el arquitecto Robert Mallet-Stevens una villa llamada "El paquebote", hoy conocida como Villa Paul Poiret en Mézy-sur-Seine, que nunca llegó a habitar debido a la quiebra de la costurería en 1929.


    Publicó en 1930 “En habillant l'époque” (Bernard Grasset) y tres libros de memorias. Dos años antes publicó “Pan, Annuaire du luxe à Paris” (Éditions Devambez) con la participación de celebridades como Jean Cocteau y Raoul Dufy. Su amigo André Derain lo inmortalizó en un retrato.

    Se cuenta que hacia el final de su carrera Poiret encontró a Coco Chanel, su rival y enemiga en el gusto de la moda parisina, vestida con sus severos trajes negros preguntándole: "Perdón señorita, ¿por quien lleva ese luto?" A lo que ella respondió: "Por usted señor".

    A su muerte en 1944 dejó un libro de memorias que, haciendo alarde de seguridad en sí mismo, tituló “Yo vestí a mi época”.


Fuentes: Estilo y moda. Entre seda y algodón. MCN Biografías.

6 comentarios:

  1. me gusta este hombre, nos libero del corse y además le gustaban los colores como a mi jejejejjej un besazoooooooooooooooooo

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    1. Estoy seguro de que te habría encantado su ropa, tan colorista y atrevida. Te hubieras convertido en su principal cliente. Ya no se hace ropa como la de antes, ¿verdad?

      ¡Un besote enorme!

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  2. No Pedrete, ya no se hace ropa como antes ;) Aunque leyendo esta fabulosa entrada -me estás dando en mi mero gusto con todas las de la ley-, me doy cuenta que monsieur Poiret es le verdadero padre de la moda-espectáculo, tan en boga hoy en día. Lo del corsé, Pilar, era algo de esperarse ya que, dentro del clima revolucionario de la preguerra europea del 14, estaba ya todo dispuesto para realizar ese salto cuántico dentro de la indumentaria femenina -salto que por otro lado se realizó previamente durante los años del imperio napoleónico, aunque obviamente por lo que sucedió después, no se generalizó-. En realidad la joven Coco Chanel tuvo la misma idea que Poiret por el mismo momento -la colección de primavera-verano 1910- pero, sencillamente fue algo que no cuajó hasta que llegó la guerra y con ella las situaciones extremas de vida que hicieron a las mujeres reconsiderar cortarse el pelo, empezar a subir el ruedo de las faldas y desterrar al incómodo corsé de sus armarios para ser sustituido por las primeras fajas de material más o menos elástico que brindaban una figura semejante sin constreñimientos antinaturales ;) Poiret era un hombre tan fantasioso como fantástico y eso fue lo que transmitió en sus diseños en una época en la que todo, absolutamente todo podía suceder. Sus pantalones de odalisca y sus combinaciones de faldas estrechas con sobrefaldas anchas -la famosa "pantalla"-, así como la utilización de ostentosos diseños textiles, fueron su sello dentro de una sociedad extravagante, dilapidadora y muy desigual en cuanto a derechos. Fue la sociedad decadente de la preguerra que se extinguió con el baño de sangre irrefenable que le siguió de 1914 a 1918. El cambio de pensamiento y circunstancias provocado por la inhumanidad de la contienda fue de tal naturaleza, que no pudo evitar el cambio tan radical como dramático que vino después y al que Poiret no pudo adaptarse por completo. El abrió la caja de Pandora en el desarrollo de la moda femenina y dio el primer machetazo para debrozar el camino que aprovecharían personalidades como la propia Madame Chanel. Esa es su aportación y su legado :)

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    1. ¡Hola Carmen!

      Todavía faltaban genios por llegar al mundo de la moda, como por ejemplo Jeanne Lanvin o Madeleine Vionnet. Amén de Christian Dior que daría una atrás buscando el antiguo glamour de la época victoriana. Para mí de todos modos, el verdadero genia de la alta costura sigue siendo Balenciaga, que supo aunar la comodidad de la mujer moderna, con la elegancia de la moda antigua.

      ¡Un besazo enorme y un millón de gracias por tus aportaciones!

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  3. Gracias a tí, Pedrete por estos apuntes de los grandes diseñadores. Sigo opinando que deberías explotar tu sensibilidad hacia el diseño, aunque sea en pequeña escala. Esto es lo tuyo :)

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    1. En ello ando, querida Carmen, en ello ando.

      ¡Un besote enorme!

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