sábado, 12 de julio de 2025

EL CLAVO ARDIENDO, NÚMERO XV: «DE SOBORNOS EN ARANJUEZ Y GARRAS EN LOS PIRINEOS»

 ¡Oh, feligreses del chisme de alta política! ¡Sor Imprudencia os saluda desde su atalaya de tinta y desengaño! Mientras vosotros os entretenéis con minués y cuchicheos, los verdaderos dueños del tablero —los de la desesperación y los de la ambición imperial— mueven sus piezas con un ruido sordo que anuncia el fin de un mundo. Atended, que la monja os relata cómo se cuece una revuelta y se sazona una invasión.


PRIMER ACTO: LA SEMILLA DE LA REVUELTA (O CÓMO COMPRAR UN REINO CON MONEDAS DE COBRE)

Se dice que un reino se pierde en los campos de batalla. ¡Mentira de cortesanos! Un reino se pierde primero en las tabernas y en los cuarteles, donde el oro de los grandes encuentra el resentimiento del pueblo y lo convierte en pólvora seca. Y he aquí el espectáculo más cínico y glorioso que estos ojos (espirituales) han contemplado.

Mientras la Corte se traslada al Real Sitio de Aranjuez para disfrutar de las primeras flores, una corte paralela de emisarios sigilosos la precede. Son hombres del Duque del Infantado y del infante don Antonio, tío del Príncipe. No portan espadas, sino bolsas de dinero. Su misión no es conquistar, sino corromper.

  • En la Taberna del «Trinquete»: Un hombre con aire de hidalgo arruinado pide vino para todos. «¡Qué tiempos, amigos! —exclama—. Mientras nosotros pasamos hambre, el Choricero [Godoy] planea huir a América con los Reyes y todo el oro de España, dejándonos a merced de Napoleón!» Las caras se congestionan de ira. El hombre paga otra ronda. El rumor, regado con vino barato, echa raíces.

  • Frente al Cuartel de Guardias de Corps: Un criado de librea impecable se acerca a un sargento. No hay saludo, sólo un suave choque de manos. En la del militar queda el peso de unas pesetas sonantes. «Para que tus hombres miren al cielo esta noche, y no al camino que lleva a la casa del Príncipe de la Paz». El sargento asiente. La disciplina tiene un precio, y los fernandinos lo han pagado.

  • El Marqués de Valmediano, vuestro héroe de la lealtad partida, no está en las tabernas. Su labor es más sutil: asegurar, a través de sus contactos, que la noticia de cualquier «tumulto espontáneo» llegue al Príncipe Fernando en el momento justo, para que pueda salir a «calmar al pueblo» con gesto de doloroso deber. ¡Qué bonita farsa! Ensayan el golpe de estado como si fuera un sainete.

Y en medio de este hervidero, una sombra angustiada: Doña Joaquina. La esposa del Marqués, invitada al Sitio en su deber de dama, pasea por las alamedas con la sensación de pisar sobre un campo minado. Oye las arengas borrachas, ve las caras conocidas que merodean donde no deberían. Cada murmullo es un clavo en su corazón. Sabe lo que su marido trama, y ahora lo ve ejecutarse. Su silencio ya no es discreción; es complicidad. Y el peso le quema las entrañas.


SEGUNDO ACTO: LA TRAMPA DEL ÁGUILA (O CÓMO UN EMPERADOR PELA UNA NARANJA)

Mientras en Aranjuez se juega al motín, en Madrid se juega al imperio. Y aquí, queridos míos, la farsa alcanza cotas de genialidad perversa. Dirige la función el embajador de Su Majestad Imperial Napoleón Bonaparte, un tal Sr. de Beauharnais (o como se escriba), cuyo rostro es de una sinceridad tan gélida que hiela el vino.

Este caballero ha hecho de la mentira una arte. Recibe en su despacho a emisarios fernandinos, les da palmaditas en la espalda y les habla en un susurro confidencial: «El Emperador, mi amo, ve en vuestro Príncipe Fernando al único español digno y legítimo. Detesta a Godoy, ese advenedizo. Cuenten con nuestra… benevolente neutralidad». ¡Benevolente neutralidad! ¡Frase para enmarcar junto a «cordero vegetariano»!

Los fernandinos, cegados por el odio a Godoy, tragan el anzuelo entero. Creen que Napoleón es un espectador que aplaudirá desde su palco cuando ellos den el golpe. ¡Pobres ilusos! No ven que el embajador, mientras los consuela, firma órdenes que salen a galope hacia el norte.

Porque ahí está la jugada maestra, el gran engaño. Mientras todos miran a Aranjuez:

  1. En Pamplona, un regimiento francés «de paso amistoso» pide entrar a «reabastecerse» el 16 de febrero de 1808. Una vez dentro, las puertas no vuelven a abrirse.

  2. En Barcelona, el 29 de febrero, las tropas del general Duhesme pasean por las murallas como si fueran suyas. Y lo son.

  3. En San Sebastián, Figueras, Burgos… la historia se repite. Napoleón no está ayudando a Fernando; está ocupando España. Su plan no es respetar un trono, sino colocar en él a su propio hermano, José.

Y el embajador francés, con una sonrisa de funeraria, sigue asegurando a los conspiradores: «Son movimientos de seguridad, para protegerles a ustedes en estos tiempos turbulentos». Y ellos lo creen. ¡La desesperación nubla el juicio más que el vino de la taberna!


EPÍLOGO DE LA MONJA: EL PRECIPICIO

Así pues, amada grey de incautos, el telón está a punto de alzarse para el acto final de esta tragedia. En el sur, unos nobles ciegos preparan un motín creyendo que salvan a España, comprando la ira del pueblo a precio de bargueño. En el norte, un emperador sin escrúpulos clava sus garras en el territorio, creyendo que una nación entera puede ser robada como un reloj de sobremesa.

Doña Joaquina tiembla en su jaula dorada. El Marqués de Valmediano cree estar labrando un futuro glorioso. Fernando sueña con un trono que ya tiene dueño en París. Y Godoy, el hombre más odiado, es el único que intuye la verdadera catástrofe, y por eso quiere huir.

Todo está listo. Solo falta la chispa en Aranjuez. Y cuando estalle, no iluminará un nuevo reinado, sino que incendiará el país entero y lo entregará, indefenso, a los lobos que ya están dentro del redil.

Rezad si queréis. Pero más os valdría afilar vuestras espadas y esconder vuestras joyas. Lo que viene no es un cambio de ministro, es un torbellino de sangre y fuego llamado Guerra.

Desde el scriptorium donde ya se huele a pólvora,
Sor Imprudencia de los Infames Escándalos.
(Que en el próximo número, si los franceses no me cierran la imprenta, os contaré el estallido del motín… y sus lágrimas de cocodrilo.)

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