Ilustrísimo Señor Marqués de Valmediano, de Ariza, de Armunia, de Estepa y de la Guardia; Conde de Corres, de Santa Eufemia y de la Monclova; Señor de la antiquísima Casa y Palacio de Lazcano, y Grande de España de primera clase.
Vino a la luz de este mundo en la muy noble y leal Villa de Madrid, el diez de noviembre del año de gracia de 1780, y de ella partió, colmado de honras y de días, el cinco de febrero de 1864, para recibir el eterno galardón.
De Excelsa Prosapia y Acendrada Educación
Nació nuestro biografiado en el regazo de una de las más esclarecidas y rancias estirpes del Reino, siendo fruto del legítimo consorcio entre el Excmo. Sr. D. Ignacio Ciro de Arteaga-Lazcano e Idiáquez, IV Marqués de Valmediano, natural de la ciudad de Estella, y la Excma. Sra. Dña. María Ana de Palafox y Silva, hija del VII Marqués de Ariza, nacida en la misma Corte. La Providencia, al unir las sangres de Arteaga y Palafox, dispuso desde su cuna un destino de suma preeminencia.
Recibió, como correspondía a su elevadísimo estado, una educación esmerada y polícrita, encaminando sus primeros ardores juveniles a la carrera de las armas en la Marina, donde su talento y aplicación le granjearon el alto grado de Almirante.
De su Casamiento y Linaje Perpetuado
Celebró venturoso matrimonio en el Real Sitio de Aranjuez, en el año de 1804, con la Excma. Sra. Dña. Joaquina Josefa de Carvajal y Manrique de Lara, dama de la Reina Nuestra Señora Doña María Luisa e hija de los Duques de San Carlos. De este enlace, bendecido por el Cielo, nacieron dos vástagos: Doña María Josefa y D. Andrés Avelino de Arteaga-Lazcano y Carvajal, Conde de Corres y de Santa Eufemia, quien habría de perpetuar el lustre de su apellido.
De Honores, Dignidades y Pundonoroso Servicio a la Corona
Su persona fue un dechado de las más altas virtudes caballerescas y de servicio a la Monarquía. Vistió con gallardía el uniforme de Coronel de Caballería y ejerció con celo el mando como Capitán de la Brigada de Carabineros Reales. A las dignidades de Almirante de la Armada y Almirante de Aragón —esta última heredada de su abuelo materno, D. Vicente de Palafox y Silva— unió el gobierno de la imperial ciudad de Toledo como su Regidor Perpetuo.
Su lealtad, firme como el acero toledano, le adscribió al partido fernandino desde los días en que S.M. el Rey D. Fernando VII era Príncipe de Asturias. La Real Gracia se volcó en él con abundancia: fue Caballero y Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, condecorado con la Orden del Mérito de Sajonia, y honrado con el delicadísimo cargo de Caballerizo Mayor Honorario de S.M. la Reina Doña Isabel II, cuya Real Persona sirvió con rendida fidelidad.
De su Alto Lugar en el Gobierno del Reino
La Nación, reconociendo su prudencia y gran juicio, lo llamó a las más altas magistraturas. Fue Prócer del Reino en las tres legislaturas del Estamento, desde 1834. Y, promulgada la nueva Constitución de la Monarquía en 1845, S.M. la Reina Doña Isabel II, en testimonio de su real agrado, le nombró Senador Vitalicio del Reino por derecho propio, dignidad que solemnemente juró el 18 de diciembre de aquel mismo año, y en la que se mantuvo, asiento firme y consejo seguro de la Corona, por diecinueve legislaturas hasta el último de sus días.
De su Herencia y Tránsito Glorioso
A la par que acrecentaba sus títulos por sucesión familiar —siendo V Marqués de Valmediano, X de Ariza y de Armunia, y uniendo a su nombre los apellidos, estados y mayorazgos de Palafox, Centurión y Folch de Cardona—, veló por que su descendencia siguiera el camino del servicio público. Así, su hijo, su nieto y su biznieto ocuparon también escaños en la Alta Cámara, siendo su nieto, el Sr. Conde de Corres, quien, con voz entristecida pero serena, comunicó al ilustre Senado el tránsito a mejor vida de su abuelo, acaecido en Madrid a los ochenta y tres años de edad, de setenta de intachable servicio a la Patria y a su Rey, y de sesenta de impecable nobleza.
Que esta memoria de sus virtudes y hazañas civiles permanezca como ejemplo y guía para las generaciones venideras.

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