miércoles, 12 de marzo de 2025

El Clavo Ardiendo, Número XIII: «De periquitos cantores, loros mudos y damas que buscan clavos donde aferrarse»

 Gacetilla manuscrita hallada la mañana del 15 de febrero de 1806, clavada con un puñal de hoja dorada en la puerta de la Capilla Real del Palacio de Oriente. Se atribuye, como es costumbre, a la pluma fantasma de Sor Imprudencia de los Infames Escándalos.




¡ALEGRÍA, CORTESANOS, QUE VUELVE LA MONJA!

Un suspiro colectivo —o será un estremecimiento— ha recorrido los salones del Ochavado. La Autora de Vuestras Pesadillas, la Madre Abadesa del Escándalo, ha desempolvado su tintero de hiel y vuelve a la carga. Y, ¡oh, divina Providencia!, qué banquete le habéis servido en bandeja de plata mientras ella tomaba un merecido retiro espiritual (o lo que sea que hagan los espectros entre número y número).

I. DEL MINUÉ DE LAS DOS TAZAS Y LA DAMA INVISIBLE.

Se baila en Palacio un minué de lo más pedagógico. La Dama Primera (de sonrisa fija y dudosa dentadura) marca el paso con su tacón, pretendiendo ser el metrónomo del Reino. La Dama Segunda (de rostro ovalado y nostálgico) intenta seguir la coreografía con un loro invisible atado al corazón. Y entre ellas, como un compás humano, se desliza una Dama Tercera, tan silenciosa que hasta el crujido de sus enaguas parece un susurro calculado. Esta última, con la gravedad de un protonotario apostólico, sirve chocolate —¡oh, néctar divino que amarga más que endulza!— a las dos anteriores.

El prodigio no está en la bebida, sino en la mano que la vierte. Con un solo gesto, la Dama Tercera logra lo que los Consejos de Estado no alcanzan en un mes: que la Primera se sienta obedecida, que la Segunda se sienta comprendida, y que el loro termine exiliado a una galería. ¿Es esto diplomacia, o es el arte supremo de quien, sabiendo que todos se aferran a un clavo ardiendo para no hundirse, les ofrece el suyo propio, convenientemente templado? ¡Bendita sea la discreción, que es la forma más elegante de la intriga! A esta Dama, los reyes le deben pensiones, y esta humilde monja, un ramillete de cicutas.

II. DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ, LA DUQUESA DEL FUEGO Y EL MARQUÉS DEL ABISMO.

Nuestro Serenísimo Valido, el Hombre que todo lo puede (menos, al parecer, ganarse un minuto de paz verdadera), cometió la temeridad de visitar la guarida de la Duquesa del Fuego. ¿Qué demonio —o qué aburrimiento supremo— lo poseería? Se vio al Príncipe de la Paz sentado en un salón que es un gabinete de curiosidades humanas, flanqueado por retratos que lo miran con desdén y un mono que, sin duda, es el único con criterio político en la estancia.

Allí, el Valido intentó regañar a la Duquesa por sus fiestas, y la Duquesa lo despedazó con la elegancia con que se descuartiza un faisán. Y en medio, el Marqués del Abismo, hecho de una pieza, observando. Él, cuyo hogar es un campo de batalla de silencios conyugales, debe haber encontrado un extraño consuelo en ver que, al menos, en el palacio de la Alba, las batallas se libran a gritos y no a base de miradas heladas. A él le dijeron: «tu esposa sabe guardar formas». Y él supo que era la amenaza más exquisita jamás pronunciada. ¡Pobre Marqués, atrapado entre el odio de ella al poder, y el poder que odia a ella! Se aferra al clavo de su propia dignidad, que debe de estar al rojo vivo.

III. EPÍLOGO PARA INQUIETOS Y DESVELADOS.

Así están las cosas, amados feligreses del chisme. Una Reina que gobierna con capricho y chocolate. Una Princesa que gobierna con nostalgia y un loro en el corazón. Una Duquesa que gobierna su mundo con el caos como cetro. Un Valido que ya no sabe de qué asidero agarrarse. Y un Marqués que sirve a un príncipe del futuro mientras navega el presente con la brújota rota.

En este teatro donde todos representan una tragedia que creen comedia, sólo hay dos verdades inconmovibles. La primera: que en España, hasta la política más elevada puede depender de un ave parlante. Y la segunda: que mientras sigan dando este espectáculo de oro y barro, esta humilde monja tendrá oficio. Y su pluma, como un clavo ardiendo en la oscuridad, seguirá alumbrando vuestras miserias, para que al menos caigáis con elegancia.

Rezad por mi alma, si es que la tengo. Yo, mientras, seguiré escribiendo por la vuestra.

Sor Imprudencia de los Infames Escándalos,
Desde el Convento Imaginario de la Santa y Real Sátira.


POSDATA PARA ALMAS SENSIBLES: Se ruega a la Duquesa de Buenavista que no intente quemar esta gacetilla. El fuego atrae más atención, y su vida ya es bastante combustible. Un consejo de caridad, de vuestra hermana en Cristo y en el escándalo.

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