domingo, 1 de marzo de 2026

Madame d'Aulnoy: La mujer que inventó los cuentos de hadas y se convirtió en mito

 

Introducción: Un personaje de leyenda



Hubo una vez una mujer que pudo haber sido un hada. Su vida fue tan azarosa, tan llena de conspiraciones, huidas, exilios y regresos triunfales, que bien podría haber salido de uno de sus propios cuentos. Se llamaba Marie-Catherine Le Jumel de Barneville, pero el mundo la conocería como Madame d'Aulnoy, la mujer que inventó los cuentos de hadas.

En los salones parisinos de finales del siglo XVII, donde las mujeres cultivaban el arte de la conversación y disputaban con los hombres el derecho a la palabra, a ella la llamaban simplemente "el Hada" . No era un título menor. En una época en que las mujeres tenían vedado el acceso a la universidad, a la academia, a casi todas las instituciones del saber, aquellas escritoras que se reunían en los salones —las conteuses, las cuentacuentos— encontraron en la figura del hada un alter ego, una forma de reivindicar su propio poder creador. Y ninguna encarnó ese ideal como Marie-Catherine d'Aulnoy.

Porque Madame d'Aulnoy no fue solo una escritora de cuentos. Fue la creadora del género, la mujer que acuñó el término "conte de fées" (cuento de hadas) y la primera que dio a la literatura ese universo maravilloso que hoy asociamos automáticamente con Disney, con Perrault, con los hermanos Grimm . Sus historias —"El pájaro azul", "La gata blanca", "La bella de los cabellos de oro"— poblaron la imaginación europea durante siglos, y sin embargo, su nombre ha quedado injustamente ensombrecido por el de su contemporáneo Charles Perrault.

Este artículo quiere devolver a Madame d'Aulnoy al lugar que le corresponde: no como una mera precursora, no como una curiosidad erudita, sino como la mujer que inventó un género y, al hacerlo, se convirtió ella misma en un personaje de leyenda.


Una vida de novela: La conspiración, el exilio y el regreso

Para entender a Madame d'Aulnoy escritora, hay que conocer primero a Madame d'Aulnoy mujer. Y su biografía, lo hemos anticipado, es material de cuento.

Nacida hacia 1650 en el seno de la nobleza normanda, Marie-Catherine fue casada a los quince años con un hombre treinta años mayor que ella, el barón d'Aulnoy, un noble libertino y jugador que dilapidó buena parte de su fortuna . El matrimonio fue un desastre. A los diecinueve años, Marie-Catherine se vio envuelta en un escándalo mayúsculo: su madre y ella conspiraron para acusar falsamente al barón de traición al rey. El plan fracasó. Los dos hombres que presentaron la acusación —presuntos amantes de madre e hija— fueron ejecutados, y Madame d'Aulnoy hubo de huir de Francia para salvar la vida .

Comienza entonces el periodo más misterioso de su existencia. Se refugió primero en Inglaterra, luego en los Países Bajos y, según ella misma contaría después, en España. Pero de esos años apenas tenemos certezas. La historiadora Elvira Roca Barea lo resume así: "no hay constancia documental de la presencia de la baronesa en tierras españolas. Nadie la menciona y esto resulta raro. Ella nombra a mucha gente importante en aquel tiempo que dice haber conocido en España, pero nadie la nombra a ella". El viaje a España pudo ser real, pudo ser inventado, pudo ser una mezcla de experiencias propias, lecturas y conversaciones con viajeros. Poco importa. Lo relevante es que cuando regresó a París hacia 1685, Madame d'Aulnoy traía consigo el material para dos libros que serían un éxito inmediato: sus Memorias de la corte de España y su Relación del viaje de España .

De vuelta en París, estableció un salón literario en su casa de la rue Saint-Benoît. Allí se reunían aristócratas, escritores, príncipes. Y fue en ese ambiente, en esa atmósfera de conversación ingeniosa y juego intelectual, donde Madame d'Aulnoy encontró su verdadera vocación: contar historias.


La invención de un género: Las hadas toman la palabra

Corría el año 1690. Madame d'Aulnoy publicó su primera novela, Histoire d'Hypolite, comte de Duglas. En medio de sus páginas, como un juego, como un divertimento, insertó un relato: "La isla de la felicidad". Era un cuento de hadas. Y era, según los estudiosos, el primer cuento de hadas literario publicado en Francia .

Lo que vino después fue una auténtica explosión. En 1697, d'Aulnoy comenzó a publicar su colección Les Contes des Fées, que alcanzaría ocho volúmenes y veinticinco cuentos . Títulos como "Gracieuse et Percinet", "L'Oiseau bleu", "Le Rameau d'or", "L'Oranger et l'abeille" poblaron las bibliotecas de la aristocracia francesa y, pronto, de toda Europa.

Pero hay un detalle crucial que la historia literaria ha tendido a olvidar: cuando Charles Perrault publicó sus Historias o cuentos del tiempo pasado (1697), con su célebre "Caperucita", "La bella durmiente" y "Cenicienta", Madame d'Aulnoy ya había publicado varios de sus cuentos y, sobre todo, ya había dado nombre al género. Fue ella quien acuñó la expresión "conte de fées" . Fue ella quien estableció el modelo del cuento de hadas literario: extenso, complejo, lleno de digresiones, de personajes secundarios, de descripciones fastuosas. Perrault escribía cuentos breves, concisos, de cinco a diez páginas. D'Aulnoy escribía novelas en miniatura, de treinta, cuarenta páginas o más, con tramas secundarias, con moralejas explícitas, con una sofisticación narrativa que nada tenía que envidiar a la gran literatura .

Los números hablan por sí solos. D'Aulnoy escribió veinticinco cuentos de hadas; Perrault, diez . Pero lo más revelador es lo que ocurrió después. Entre 1700 y 1739, se publicaron en Gran Bretaña más obras de Madame d'Aulnoy que de cualquier otro autor francés, hombre o mujer . Sus cuentos se reimprimieron una y otra vez a lo largo del siglo XVIII, circularon en ediciones populares a través de la Bibliothèque bleue, y sus relatos individuales vieron al menos dieciocho ediciones, frente a solo ocho de los cuentos de Perrault . Durante décadas, cuando los lectores europeos pensaban en cuentos de hadas, pensaban en Madame d'Aulnoy.


Las hadas como espejo: La mujer y la escritora

¿Por qué las mujeres de los salones parisinos —las précieuses, las conteuses— se sintieron tan identificadas con las hadas? La respuesta nos la da la investigadora Vicenta Garrido Carrasco: "Establecer la correlación entre la varita del hada y la pluma de la mujer escritora supuso pasar al poder del 'y dicho y hecho', consiguiendo cambiar la tradición literaria masculina que controlaba el discurso, ostentaba el poder y les negaba la posibilidad de escribir y ser autoras" .

El hada, en la tradición popular, era una figura de poder. Podía conceder dones, transformar la realidad, intervenir en el destino de los humanos. Las escritoras del siglo XVII, excluidas de las instituciones del saber, se apropiaron de esa figura y la convirtieron en un alter ego. Escribir cuentos de hadas era, para ellas, un acto de reivindicación. Era tomar la palabra en una sociedad que les negaba la voz. Era demostrar que podían crear mundos, construir imaginarios, competir con los hombres en el terreno de la literatura.

Madame d'Aulnoy llevó esta identificación hasta sus últimas consecuencias. En los salones, sus colegas la llamaban "el Hada" . Y ella, en sus cuentos, creó hadas que se parecían sospechosamente a las mujeres de su tiempo: inteligentes, elocuentes, capaces de manejar los hilos del destino con la misma destreza con que las précieuses manejaban la conversación. Como señala Lía Mallol de Albarracín, "tras unas composiciones aparentemente infantiles y superficiales, se esconde una cosmovisión adelantada acerca de la mujer, de la sociedad y de la relación entre los sexos" .

Los cuentos de d'Aulnoy no son historias para niños. Son, ante todo, artefactos literarios complejos, llenos de ironía, de referencias cultas, de juegos con la tradición. Sus protagonistas femeninas no son princesas pasivas que esperan ser rescatadas; son mujeres activas, inteligentes, que toman decisiones, que negocian su destino, que a menudo son ellas quienes rescatan a los príncipes. En "La gata blanca", por ejemplo, la protagonista es un ser poderoso que gobierna un reino subterráneo y pone a prueba al héroe con una serie de tareas, invirtiendo los roles tradicionales del cuento de hadas. En "El pájaro azul", la princesa Florina debe luchar contra la malvada reina madre y demostrar su valía, en un relato que cuestiona las estructuras de poder establecidas.


La querella de los antiguos y los modernos: Una batalla literaria

Para entender la importancia de Madame d'Aulnoy en su tiempo, hay que situarla en el contexto de la Querella de los Antiguos y los Modernos, ese gran debate intelectual que agitó la Francia de finales del siglo XVII. De un lado, los "Antiguos" defendían la superioridad de los autores clásicos grecolatinos. Del otro, los "Modernos" reivindicaban la capacidad de su época para crear una literatura tan valiosa como la de la Antigüedad.

Charles Perrault fue uno de los líderes de los Modernos. Sus cuentos de hadas, con su aparente sencillez y su reivindicación de las tradiciones populares francesas, eran una declaración de principios: lo moderno, lo francés, lo popular podía ser tan valioso como lo antiguo. Pero las conteuses, y muy especialmente Madame d'Aulnoy, llevaron esta reivindicación un paso más allá .

Frente a la aparente sencillez de Perrault, d'Aulnoy cultivó un estilo mucho más sofisticado, con tramas complejas, numerosos personajes, digresiones y referencias cultas. Frente a su reivindicación de lo popular, ella buscó fuentes más prestigiosas: los trovadores medievales, las novelas de caballerías, incluso los clásicos grecolatinos, pero reinterpretados desde una óptica femenina . Su cuento "Gracieuse et Percinet", por ejemplo, retoma el mito de Psique y Cupido —esa historia de Apuleyo que Perrault había criticado por inmoral y oscura— y le da una nueva vida, un nuevo sentido, una nueva moraleja .

Lo que d'Aulnoy estaba haciendo, en el fondo, era reivindicar el derecho de las mujeres a participar en la gran tradición literaria. No como imitadoras pasivas, sino como creadoras activas capaces de transformar esa tradición desde dentro. Sus cuentos son, a la vez, entretenimiento y teoría literaria, narración y manifiesto. En ellos, las hadas no solo reparten dones: también discuten sobre poesía, sobre amor, sobre el arte de contar historias.


Un legado europeo: De Hamilton a los hermanos Grimm

La influencia de Madame d'Aulnoy se extendió por toda Europa durante los siglos XVIII y XIX. En Francia, escritores como Antoine Hamilton y Anne-Claude de Caylus parodiaron y homenajearon sus cuentos. El título mismo de la colección póstuma de Caylus, Todo llega a su tiempo para quien sabe esperar, o Cadichon, seguido de Jeannette o la indiscreción, lleva el elocuente subtítulo: Para servir de suplemento a los Cuentos de hadas de Madame d'Aulnoy (1775) .

En Gran Bretaña, sus cuentos se tradujeron y adaptaron innumerables veces. En 1773, el editor Francis Newbery publicó Las historias de mamá Bunch (Mother Bunch's Fairy Tales), una colección de cuentos de d'Aulnoy pensada explícitamente para niños. El personaje de "Mamá Bunch" era el equivalente inglés de la "Mamá Oca" que Perrault había popularizado, y durante décadas los niños británicos crecieron leyendo las historias de d'Aulnoy sin saber que eran suyas .

En el siglo XIX, el gran estudioso del folclore Andrew Lang incluyó numerosos cuentos de d'Aulnoy en sus célebres colecciones de cuentos de hadas. El dramaturgo J. R. Planché adaptó sus historias para los teatros londinenses y publicó una traducción de sus cuentos en 1855, en la que confesaba: "He hecho tantas libertades al llevarlos a la escena que en esta ocasión he querido ser lo más fiel posible al original para tranquilizar mi conciencia" .

Incluso los hermanos Grimm, en su célebre colección de cuentos populares alemanes, incluyeron versiones de historias que, en última instancia, procedían de d'Aulnoy. Y cuando Disney, en el siglo XX, adaptó "La bella durmiente" o "Cenicienta", lo hizo a partir de Perrault, sí, pero también de una tradición en la que d'Aulnoy había sido tan importante como su colega masculino .


El hada y la escritora: La construcción de un mito

Hay algo fascinante en la forma en que Madame d'Aulnoy fue percibida por sus contemporáneos. No era solo una escritora. Era "el Hada". Sus amigos y colegas la veían como una criatura casi sobrenatural, dotada de un poder especial para encantar con la palabra. En los salones, sus cuentos se recibían como pequeñas maravillas, como objetos preciosos salidos de una mente privilegiada.

Esta identificación entre la autora y sus criaturas fantásticas no es casual. Las hadas de d'Aulnoy son, en muchos sentidos, proyecciones de sí misma: mujeres poderosas que manejan los hilos del destino con inteligencia y astucia, que castigan a los malvados y recompensan a los buenos, que crean mundos paralelos donde rigen otras leyes. La varita mágica del hada es el equivalente de la pluma de la escritora. Ambas transforman la realidad. Ambas crean belleza. Ambas imponen un orden superior.

Pero hay también algo de trágico en esta identificación. Porque el hada, en la tradición, es también una figura ambigua. Puede ser benéfica o maléfica, puede conceder dones o lanzar maldiciones. Y Madame d'Aulnoy, a lo largo de su vida, experimentó esa ambigüedad: fue amada y odiada, admirada y perseguida, celebrada y olvidada.

Después de su muerte, ocurrida hacia 1705, su nombre fue cayendo gradualmente en el olvido. Perrault, con sus cuentos más breves, más accesibles, más fáciles de adaptar para niños, terminó imponiéndose en el imaginario popular. Durante los siglos XIX y XX, los cuentos de d'Aulnoy se siguieron leyendo, sí, pero a menudo sin nombre de autora, como parte de ese caudal anónimo de la tradición popular. Fue solo a finales del siglo XX y principios del XXI cuando la crítica feminista comenzó a recuperar su figura, a reivindicar su papel pionero, a devolverle el lugar que le corresponde en la historia de la literatura.


Conclusión: La varita y la pluma

Hoy, cuando pensamos en cuentos de hadas, pensamos en Disney, en Perrault, en los hermanos Grimm. Rara vez pensamos en Madame d'Aulnoy. Y sin embargo, sin ella, el género tal vez no existiría como lo conocemos. Fue ella quien le dio nombre. Fue ella quien estableció el modelo del cuento de hadas literario. Fue ella quien demostró que las mujeres podían escribir, y escribir bien, y ser leídas, y ser admiradas, y competir con los hombres en igualdad de condiciones.

La vida de Madame d'Aulnoy fue un cuento de hadas con final feliz, pero también con muchos peligros en el camino. Sobrevivió a una conspiración, a un exilio, a un matrimonio desgraciado. Construyó una carrera literaria desde cero. Se convirtió en el centro de uno de los salones más prestigiosos de París. Inventó un género. Y cuando murió, dejó tras de sí veinticinco cuentos que han seguido fascinando a lectores de todas las edades durante más de tres siglos.

La varita del hada y la pluma de la escritora. Madame d'Aulnoy manejó ambas con la misma destreza. Y al hacerlo, abrió un camino que muchas otras mujeres recorrerían después. Por eso merece ser recordada. No como una curiosidad erudita, no como una nota al pie en la historia de Perrault, sino como lo que fue: la mujer que inventó los cuentos de hadas y se convirtió, ella misma, en un personaje de leyenda.

Como escribió Vicenta Garrido Carrasco: "Mme d'Aulnoy como mujer escritora recuperó y se apropió del personaje del hada, y ambas —mujer y hada—, desde el cuento, abrieron nuevas posibilidades para las aspiraciones femeninas como figuras modernas del feminismo de su tiempo" . En sus páginas, las mujeres aprendieron a soñar con otros mundos posibles. Y en su vida, nos enseñó que una mujer puede, efectivamente, cambiar el mundo con solo tomar la palabra.


Bibliografía citada

  • BOTTIGHEIMER, Ruth B. "Marie-Catherine d'Aulnoy's 'White Cat' and Hannā Diyāb's 'Prince Ahmed and Pari Banou': Influences and Legacies". Marvels & Tales, vol. 35, n. 2, 2022. 

  • DUGGAN, Anne E. "Marie-Catherine d'Aulnoy's Eighteenth-Century Legacy: The Case of Hamilton and Caylus". Féeries, 2024. 

  • GARRIDO CARRASCO, Vicenta. Mujeres y hadas: desde el cuento a las reivindicaciones femeninas. Universidad de Jaén, 2015. 

  • GARRIDO CARRASCO, Vicenta. Las hadas en los cuentos de Perrault y de Madame d'Aulnoy. Tesis doctoral, Universidad de Jaén, 2014. 

  • MALLOL DE ALBARRACÍN, Lía. "Las salonnieres del siglo XVII en Francia y los cuentos de hadas de Madame D'Aulnoy". Revista Melibea, vol. 14, 2020. 

  • TAYLOR, Helena. "Ancients and Moderns: Conteuses as Literary Critics". Women Writing Antiquity: Gender and Learning in Early Modern France. Oxford University Press, 2024. 

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