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jueves, 6 de septiembre de 2012

El Palacio de Oriente. (IX y última parte).


    Colecciones.

    El Palacio Real de Madrid custodia una gran y variada cantidad de colecciones artísticas de la más diversa índole, desde cuadros y esculturas hasta los tarros de la Real Farmacia. Debido a la falta de espacio, muchas de estas obras de arte permanecen almacenadas, por lo que en la actualidad, entre la Plaza de la Armería y la cercana Catedral de la Almudena, se está construyendo, según un proyecto de los arquitectos Mansilla y Tuñón, el Museo de Colecciones Reales. Dicho edificio, que será en parte subterráneo, albergará de manera rotatoria estas colecciones, las más significativas de las cuales son las siguientes:

    Stradivarius Palatinos.




    En el Palacio se guarda el cuarteto de los Stradivarius Palatinos, el conjunto más importante del mundo de instrumentos realizados por el famoso lutier Antonio Stradivari, compuesto por dos violines, una viola y un violonchelo denominados, con debido a su ornamentación, los Stradivarius decorados. Además, también se guarda otro violonchelo del mismo autor datado en1700. Los instrumentos fueron adquiridos por Carlos IV en 1775.

    Pintura.




    En el Palacio se conservan lo que podrían denominarse «restos» de la gran colección real, puesto que la mayor parte de sus fondos pasaron a formar parte del Museo del Prado en el siglo XIX. Aun así, la colección de pintura puede considerarse muy importante, abarcando múltiples géneros, escuelas y épocas.

    Los pintores españoles que trabajaron para la corte constituyen uno de los núcleos principales de la colección. Destaca un grupo de obras de Goya, sobresaliendo un conjunto de cuatro cuadros representando a Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma con diversos atuendos; el Prado posee ejemplares de dos de ellos, pero son copias pintadas por Agustín Esteve. También se conserva del mismo autor una excepcional grisalla y un cuadro de tema cinegético. De Velázquez destaca un raro bodegón de caza, original representación en trampantojo. Ribera está representado por un excepcional retrato ecuestre, Juan José de Austria. Son destacables también un retrato de Van der Weyden, y el políptico que perteneció a Isabel la Católica, obra de Juan de Flandes y Michel Sittow. Watteau, figura clave del rococó francés, cuenta con dos pinturas, de las pocas suyas existentes en España; es excepcional también una Salomé pintada por Caravaggio al final de su vida. Otros autores mencionados en los inventarios son Luis de Morales, Juan de Juanes, Jacopo Bassano, Luca Giordano, David Teniers el Joven, Michel-Ange Houasse, Tiepolo, Luis Paret, Mengs (del cual se ha recuperado recientemente una Inmaculada Concepción sustraída por el mariscal Soult durante las invasiones napoleónicas), Luis Meléndez, Francisco de Paula Van Halen o Sorolla. Retratistas de la corte borbónica, como Louis-Michel van Loo y Franz Xaver Winterhalter cuentan también con una lógica presencia. Las obras están distribuidas por los salones y en una zona habilitada como museo de pintura, aunque es previsible que al menos en parte sean expuestas en el futuro Museo de Colecciones Reales.

    No hay que olvidar dentro del capítulo pictórico el magnífico ciclo de frescos que decoran las bóvedas del edificio. Intervinieron en su decoración algunos de los artistas más destacados de la época de su construcción, como Giovanni Battista Tiepolo, Mengs, Francisco Bayeu, Corrado Giaquinto o Mariano Salvador Maella.

    Escultura.




    En el Palacio Real las series de escultura son de importancia menor que la de la colección de pintura, pero la serie del siglo XVII procedente del anterior alcázar es de un carácter excepcional. Los principales escultores representados son Gian Lorenzo Bernini, Mariano Benlliure, Antoine Coysevox y Agustín Querol. Sobresale la serie deLos Planetas, repartida en el Salón del Trono y el Salón de Columnas.

    Mobiliario.




    El gran valor del mobiliario del palacio reside en su autenticidad, pues la mayoría de los muebles corresponden a la época de construcción del palacio y reinados sucesivos, que se muestran en una serie ininterrumpida de estilos rococó, neoclásico, imperio e isabelino. Algunas de las series más importantes de muebles se encuentran en los salones de Gasparini, Trono y Espejos. Cabe destacar la «Mesa de las Esfinges», de estilo imperio, situada en el Salón de Columnas, sobre la que se firmó el tratado de ingreso de España en la Unión Europea.

    Relojes.




    Considerada la mayor y mejor colección de relojes de España, también es una de las principales del mundo. La importancia de la colección radica sobre todo en los relojes de época rococó construidos para Fernando VI por el relojero suizo Jacquet Droz. El reloj denominado El Calvario, del siglo XVII y construido en Núremberg, es el más antiguo, mientras que la existencia de un gran número de relojes de época imperio se debe a la afición por estos instrumentos por parte de Carlos IV. También es de destacar, por la riqueza de materiales usados para su elaboración, como oro, plata o marfil, un reloj regalo del presidente de Perú al rey Alfonso XIII en 1906, construido en 1878.

    Porcelanas.




    La colección de porcelanas abarca diversas épocas, estilos y procedencias, aunque las más valiosas son los restos de la vajilla de bodas de Carlos III y María Amalia de Sajonia. También posee piezas destacadas de la Manufacture nationale de Sèvres y El Buen Retiro. Destaca por su singularidad en este apartado la ya descrita Saleta de Porcelana, revestida totalmente con placas de este material, fabricadas por la citada Real Fábrica del Buen Retiro.

    Tapices.




    Considerada la principal colección del mundo, la colección de tapices se compone fundamentalmente de paños fabricados en Bruselas y en la Real Fábrica de Tapices sobre cartones de Francisco de Goya. Son de destacar los tapices que se encuentran cubriendo las paredes del comedor de gala.

    Orfebrería.




    A diferencia de otras casas reales europeas, los monarcas españoles no tuvieron joyas vinculadas a la Corona, sino que las mismas fueron repartiéndose en herencias y dispersándose asimismo como consecuencia de guerras y exilios. Aun así, se conservan en el palacio muestras muy importantes de orfebrería y platería. Las piezas más valiosas corresponden a una parte del Tesoro de Guarrazar, que originariamente fue un regalo a la reina Isabel II. De época de esta reina es también el conjunto de las alhajas de la Virgen de Atocha, coronas cuajadas de brillantes y topacios de gran tamaño. Destacan asimismo una arqueta que perteneció a la infanta Isabel Clara Eugenia (siglo XVI), delicado trabajo renacentista decorado con entalles y camafeos, y un relieve en plata de Alessandro Algardi, San León deteniendo a Atila, reducción del conservado en la Basílica de San Pedro. Especial valor simbólico tienen la corona y cetro reales. La primera es de época barroca, realizada en plata sobredorada, mientras que el cetro es un magnífico trabajo renacentista, de manufactura bohemia, coronado por un orbe en cristal de roca.

Fuentes: Wikipedia y Patrimonio Nacional.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Palacio de Oriente. (VIII Parte).


    Cuarto de la reina María Luisa.



    Se encuentra en la parte oriental de Palacio y en ella habitó la reina María Luisa de Parma. Fernando VII e Isabel II convirtieron este espacio en salas para la recreación de la Familia Real, hasta que en 1907 fue rehabilitado por la reina madre María Cristina de Austria.

    Esta sala fue decorada al gusto neoclásico, valiéndose de estucos y tapices. También aloja un templete dedicado a Apolo y las Musas y un retrato de Luis Felipe de Orleans y su esposa María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, obra de Franz Xaver Winterhalter. Mariano Salvador Maella decoró la bóveda de la estancia con el fresco Las cuatro estaciones del año, ejecutado en 1769. Una serie de consolas, de mediados del siglo XVIII, y un conjunto de tapices sobre la Guerra de Troya cierran la estancia.

    La llegada de la reina María Cristina trajo consigo una importante reforma a esta sala. Se conservaron muchos de los adornos que en su día realizó la infanta María Josefa, quien decoró el salón a la «chinesca» con tela de Pekín en las paredes y un friso de porcelana. Sin embargo, gran parte del cuarto se acondicionó como residencia cotidiana de la Familia Real. Se colocaron aquí algunas obras de arte, como el Esopo velazqueño y dos medallones de los Bayeu.

    Alfonso XIII instaló una Sala de Billar, anteriormente ornamentada por un fresco de Maella que Segundo de Lema ocultó en 1879 y que en 1993 fue recuperado, y una Sala de Fumar. Ambas estancias fueron construidas al estilo victoriano y con madera de nogal, en la línea de las reformas de Alfonso XII. Sin embargo, la Sala de Fumar presenta algunos matices propios de la moda «parisina», muy común en la década de 1920.

    Los Gabinetes de Estucos y de Maderas Finas de la reina María Luisa han conservado, con algunas pequeñas excepciones, su decoración original. Fueron construidas por Sabatini en 1791 inspirándose en el diseño arqueológico hallado en las excavaciones de Pompeya y Herculano. La ornamentación de ambas estancias corresponde a los estuquistas Domenico y Giuseppe Brilli.

    Cuarto de Carlos IV.



    La mayoría de los salones ocupados por Carlos IV fueron perdiendo su función durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII, quienes emplearon tales estancias como lugares oficiales de recepción. El Salón de Tapices, por ejemplo, era usado para reuniones después de los banquetes, por lo que fue conocido como «Salón del Diván». Dicho espacio posee varios tapices tejidos en 1752 según cartones de Giaquinto, el último fresco de Francisco Bayeu, La institución de las órdenes de la Monarquía Española (1794) y La caza del jabalí, uno de los cartones de Goya.

    Poco después se encuentra la Sala de Armas, originalmente concebida como Pieza de Vestir del Príncipe de Asturias. Alfonso XII la convirtió en una estancia totalmente decorada al gusto historicista. En tiempos de Alfonso XIII se derribaron las paredes que separaban esta sala del Oratorio, a fin de crear un recinto más amplio pero a la vez más privado.

    La Cámara de Carlos IV sigue el programa decorativo trazado para establecer la relación de Trajano y Adriano como precursores de la grandeza hispánica. Aquí cuelga un gran candelabro regalado a Isabel II en 1846 con motivo de su boda, y la decoración se completa con una gran alfombra de estilo neoclásico (1925). La Antecámara de Carlos IV aloja uno de los mejor logrados frescos de Tiepolo, alusivo a Jasón, los argonautas y el Vellocino de Oro. Esta recámara incluye también varios retratos de la familia reinante y en 1993 se añadieron los bustos de la reina Sofía de Grecia y de Felipe de Borbón.

Fuentes: Wikipedia y Patrimonio Nacional.

martes, 4 de septiembre de 2012

El Palacio de Oriente. (VII Parte).


    Antiguo Cuarto de la Reina.



    Con este nombre se conoce a varias estancias construidas como aposentos de la reina Isabel de Farnesio, quien los habitó entre 1764 y 1766. Después sirvió como recámara de la infanta María Josefa y de la princesa de Asturias, María Antonia de Borbón-Dos Sicilias, esposa del futuro Fernando VII. En la decoración de este cuarto destaca La aurora, último fresco de Mengs, y Los cuatro momentos del día, escena adornada por ángeles de estuco. En los primeros años del siglo XIX se encontraba aquí La familia de Carlos IV, obra de Francisco de Goya, junto con sus bocetos (El infante Carlos María Isidro, El infante Francisco de Paula, La infanta María Josefa, El infante Antonio Pascual y Luis, rey de Etruria). Esta decoración fue sustituida en 1818 por Fernando VII, quien importó unos bellos tapices de estilo neoclásico y convirtió la estancia en el tocador de su esposa María Isabel de Braganza. La nueva reina inició un programa iconográfico que incluía escenas sobre la vida de San Hermenegildo y Santa Isabel de Portugal, encargadas a Zacarías González Velázquez, Vicente López Portaña y al mismo Goya. Algunos años antes, bajo el patrocinio de Isabel de Farnesio, se había pintado una alegoría de Isabel la Católica y el famoso cuadro Colón ofreciendo el Nuevo Mundo a los Reyes Católicos, obra de Antonio González Velázquez.

    La Primera Antecámara de la Reina es, totalmente, obra de José Segundo de Lema, realizada durante el gobierno de Alfonso XII. También se le llama Sala Plateresca, pues fue decorada con los elementos renacentistas del arte plateresco español. La intempestiva muerte del rey frustró el proyecto decorativo, pues con Alfonso XIII comenzó a usarse este recinto como Sala de Cine y Sala de la Banda, por alojarse allí el grupo de músicos que tocaba en las celebraciones de Palacio. Este salón albergaba un finísimo centro de mesa, hecho en París y regalado por el conde de Aranda a Carlos IV en 1786.

    En la Segunda Antecámara de la Reina se ha guardado, desde tiempos de Carlos III, la colección de platería y otras piedras preciosas en poder de la Familia Real. A continuación se sitúa la Tercera Antecámara de la Reina, cuya bóveda fue pintada por Francisco Bayeu con el tema Boabdil entregando las llaves de Granada a los Reyes Católicos (1763). Bajo Fernando VII se convirtió en oratorio de su tercera esposa, María Josefa de Sajonia, y con Isabel II siguió usándose como aposento de su marido, Francisco de Asís de Borbón.

    Cuarto del infante don Luis.



    Esta zona de Palacio ha sido ocupada muy brevemente a lo largo de su historia. Entre sus moradores se encuentran el infante Luis Antonio de Borbón y Farnesio (1764-1776), don Gabriel de Borbón (1785-1788), Luisa Fernanda de Borbón y Antonio de Orleans(1846-1848) y doña Isabel de Borbón y Borbón (1876-1931).

    La Primera Antecámara de don Luis, hoy conocida como Salón de Vajillas, posee un hermoso fresco de Luis González Velázquez: La gloria y el poder español en las cuatro partes del mundo. Aquí se guardaba la vajilla usada en el servicio de los Príncipes de Asturias, regalada a Carlos IV por Augusto II de Polonia. Otras piezas proceden de Sèvres, encargadas por Fernando VII e Isabel II. También se conserva aquí la cristalería, donde destaca la colección del rey Francisco de Asís; una de las escasas piezas salidas de la Real Fábrica de Cristales de La Granja.

    Cerca de allí se encuentra la cámara del infante don Luis, que aloja la mejor obra de Francisco Bayeu en Palacio, realizada con su hermano Ramón: La Providencia presidiendo las Virtudes y las Facultades del hombre. En esta sala el infante organizaba audiciones de músicos, por lo que hoy en día sirve como Sala de Instrumentos Musicales. Un poco después se halla la Sala de Papel Pintado, llamada así por estar ornada con el papel de la Real Fábrica. Los motivos representados son, en su mayoría, mitológicos.

    El Gabinete del Ángulo o Tocador Chinesco, el cuarto de la infanta Mariana Victoria y la Pieza de los Pájaros albergan la más grande colección de pintura de todo el Palacio Real. Se conservan obras de Juan de Flandes, van der Weyden, El Bosco y Rubens. La bóveda del Gabinete de los Pájaros fue decorada por Domenico Tiepolo, quien para esta obra contó con la colaboración de su hermano Lorenzo, ejecutada con gran naturalismo. Sobre uno de los muros se exhibe Salomé con la cabeza del Bautista, obra de Caravaggio.

lunes, 3 de septiembre de 2012

El Palacio de Oriente. (VI Parte).


    Salón del Trono.



    Este recinto es el único que no ha cambiado de función en toda su historia, desde que Sachetti lo concibió en 1737. Conserva toda su decoración original y se terminó en 1772.

    Felice Gazzola, noble italiano, recibió el encargo de seleccionar a los artistas que decoraron el Salón del Trono. La bóveda, diseñada por Roberto Michel es, con seguridad, la más bella de Palacio, pues el efecto que produce la pintura y la escultura que la rodea alcanza un gran esplendor. En el centro del fresco están las representaciones de La majestad y La abundancia, sostenidos por ángeles de estuco.

    La grandeza y el poder de la Monarquía Española es el tema que Tiepolo pintó para la bóveda. En ella se contempla al trono español custodiado por Apolo y Minerva, así como por representaciones de las Virtudes. En el lado contrario, unos amorcillos vuelan mientras portan la insignia de la Orden del Toisón de Oro. La glorificación de la monarquía y del soberano reinante es el objetivo de todo el fresco.

    Sobre el balcón oriental también pintó Tiepolo un fresco, ayudado por sus hijos Domenico y Lorenzo. Esta obra presenta muchas características similares a la que el maestro italiano pintó para la escalera de la Residencia de Wurzburgo. Se culminó en 1764 y representa el último trabajo de Tiepolo en el Palacio Real.

    El resto de la decoración se debe al piacentino Giovanni Battista Natali, quien se encargó tanto del diseño de los bordados como de la traza de las consolas. Destaca el terciopelo de la colgadura, tejido en Génova, bordado con hilos de plata sobredorada. La decoración de Natali, junto con las pinturas de Tiepolo, constituye una de las más altas cimas del rococó en España. Como en el Salón Gasparini, el tejido que tapiza las paredes es reciente, en sustitución del terciopelo original que se hallaba muy deteriorado, si bien se han cosido sobre él los bordados plateados originales.

    Las esculturas que hoy se pueden ver en esta sala pertenecen, en su mayoría, a la colección rescatada del Real Alcázar. Ello se debe al proyecto de la dinastía borbónica, que deseaba afirmarse como sucesora directa de la Casa de Austria. Destacan parte de las figuras de bronce de la serie conocida como Los Planetas, obra del flamenco Jacques Jonghellick, así como una serie de estatuas de Las virtudes cardinales, obra de René Fremin. Son destacables asimismo los relojes, obras de John Ellicott y Ferdinand Berthoud, y los leones de bronce dorado al fuego, obra de Matteo Bonarelli de Lucca, que preceden al dosel con el trono real. Las arañas que iluminan la estancia son de cristal de roca y plata.

     Real Capilla.



    Es uno de los puntos más interesantes desde el punto de vista arquitectónico de todo el Palacio. Situada en el centro del lado norte de la planta principal del palacio, tiene su acceso desde la galería que rodea el patio central. Sachetti realizó un primer proyecto pero Fernando VI se decantó finalmente por el presentado en 1749 por Ventura Rodríguez, por entonces ayudante del primero. La Capilla fue realizada entre 1750 y 1759. La planta es de tipo central o elíptica, estando coronada por una cúpula de media naranja. A cada uno de los ángulos que describen la planta, salvo el atrio, que presenta pilastras negras que imitan el mármol, se encuentra adosada una columna de mármol negro, hasta un total de dieciséis, de una sola pieza. Estas columnas están coronadas con capiteles en estuco dorado. La distribución de la capilla es clásica: al este se sitúa el altar mayor, de mármol; al norte el altar del evangelio; al oeste el órgano y el atrio es el vestíbulo. Los asientos reales se sitúan en el lado norte, próximo al altar mayor, que está a su derecha.

    El pintor Corrado Giaquinto fue encomendado para diseñar y dirigir los trabajos de la decoración de la Real Capilla y él mismo pintó los frescos de la capilla y del atrio. Los ángeles del tambor fueron realizados por Felipe de Castro. Sobre el altar mayor hay un cuadro de Ramón Bayeu, San Miguel triunfando sobre los demonios, y en el altar del evangelio, el cuadro de La Anunciación, obra postrera de Mengs. El dosel y los sillones de los soberanos son de la época de Fernando VI y fueron realizados en raso blanco con bordados de plata y sedas de colores. El órgano, construido en 1778 por Jordi Bosch i Bernat, está considerado como una auténtica obra maestra. Se conservan en la Capilla los restos de San Félix, el cual está representado en una figura de cera dentro de un nicho acristalado.

    En tiempos recientes la Capilla Real ha sido utilizada para funerales de la Familia Real Española, sirviendo como capilla ardiente en abril de 1993 para Don Juan de Borbón, conde de Barcelona, y en enero de 2000 para María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias, condesa de Barcelona. En noviembre de 2000 se celebró un Te Deum en esta capilla para conmemorar el 25 aniversario de la proclamación de Juan Carlos I como rey de España.

Fuentes: Wikipedia y Patrimonio Nacional.

domingo, 2 de septiembre de 2012

El Palacio de Oriente. (V Parte).


    Salón de Gasparini.



    Fue realizado durante el reinado de Carlos III y está considerado uno de los más hermosos salones del palacio y ha llegado hasta nuestros días prácticamente sin ningún retoque. Por diferentes motivos se tardaron alrededor de cuarenta años en la conclusión del programa decorativo.

    Era el lugar donde el rey se vestía en presencia de la corte, según la costumbre de la época. Su decoración, realizada por Matías Gasparini, presenta grandes originalidades del tipo chinoiserie en estilo rococó. Los muebles, el suelo de mármol y el tapizado de las paredes se diseñaron como un conjunto. En fecha reciente, la seda de las paredes hubo de sustituirse por su mal estado, si bien sus bordados se cosieron laboriosamente sobre el nuevo tejido.

    Cabe destacar el reloj situado sobre la chimenea, obra de Pierre Jacquet Droz, con autómatas vestidos a la moda del siglo XVIII que bailan cuando, al dar las horas, un pastor sentado toca la flauta.

    Saleta de Porcelana.



    Fue construida en época de Carlos III, influenciado por las construcciones similares que llevó a cabo como rey de Nápoles y Sicilia, especialmente en el Palacio Real de Caserta. Para su construcción se colocaron bastidores donde habrían de sujetarse las porcelanas. El proyecto decorativo, de estilo tardo-barroco clasicista, estuvo a cargo de Juan Bautista de la Torre y Jenaro Boltri.

    La sala posee varias decoraciones fijas y una mesa de nogal, así como espejos azogados con un leve matiz verdoso que armonizan con el resto del espacio. Veinte años después de la decoración original, Sabatini colocó estuco azul a lo largo del salón, así como varios jarrones de bronce procedentes de la colección del Palacio del Buen Retiro.

    El pavimento de esta saleta es uno de los más bellos elementos decorativos ideados por Gasparini. Está compuesta por una elegantísima taracea de mármoles de colores y en invierno se cubría con alfombras de lana que simulaban los motivos representados por la loza.

    Salón de Espejos.



    Es un salón de estilo neoclásico que era usado como tocador por la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, reinado durante el cual fue concebido y decorado, se trata de uno de los salones más bellos del palacio. A ello contribuyen los zócalos de mármol rosado y los paramentos de las paredes, cubiertos de una fina ornamentación de estuco en la que predomina el blanco y el azul. Los grandes espejos que dan nombre al salón están guarnecidos en oro y azul, coronados por estucos blancos sobre fondo azul y rodeados con decoración de motivos vegetales.

    Cabe destacar el velador central, de caoba y bronce dorado, realizado por Thomire en 1788. En tiempos de Alfonso XIII esta sala era utilizada como salón de música. La estancia también contiene una estatua en mármol que representa a la infanta María Cristina de Borbón y Battenberg, hija de Alfonso XIII, cuando era niña.

Fuentes: Wikipedia y Patrimonio Nacional.

sábado, 1 de septiembre de 2012

El Palacio de Oriente. (IV Parte).

Planta alta.

    Escalera principal.



    Esta escalera, tal como se conoce ahora, fue diseñada por Sabatini en 1760 y reformada durante los primeros años del gobierno de Carlos IV. Para su construcción se emplearon los mismos materiales que para otras estancias del recinto, como mármol de una sola pieza y granito.

    La decoración de la bóveda de lunetos con grandes óculos de iluminación es parte del programa iconográfico de exaltación de la Monarquía Española diseñado por Sachetti, y la realización de dichas obras correspondió a Giaquinto. Para ello, pintó La religión protegida por España, El triunfo de la Iglesia, Escudo del Rey Católico, Alegoría de los continentes y La victoria de España sobre la dominación sarracena. Sobre la cornisa se encuentran representaciones de las virtudes consideradas características del reinado de Fernando VI. Todas estas imágenes simbolizan la universalidad y los valores propios de la nación española, en una época en que era necesario reforzar el concepto de hispanidad.

    Los leones que adornan el arranque de las balaustradas se deben al gallego Felipe de Castro y Roberto Michel, respectivamente, mientras que el artífice de la decoración del rellano fue el francés Jean Thierry. Sobre la hornacina de cerramiento que se halla en el arranque de la escalera está la estatua de Carlos III vestido a la romana, obra de Roberto Michel. En el paso de la escalera a los salones, se contemplan sendos bustos de Felipe V e Isabel de Farnesio, obra de René Frémin.

    Salón de Alabarderos.



    Fue concebido por Sachetti como salón de baile o comedor de gala, pero Carlos III lo convirtió en salón de los guardias que custodiaban el recinto. La decoración está basada en un escueto orden de pilastras toscanas y ramas de laurel hechas en estuco. Fue objeto de varias reformas, la primera de ellas en 1857 y continuada en 1880.

    Destaca sobremanera en esta sala los frescos que adornan sus muros. Tiepolo fue el encargado de decorar la estancia, para lo que realizó varias pinturas de carácter mitológico: Eneas conducido al templo de la Inmortalidad por sus virtudes y victorias, Venus encomendando a Vulcano que forje las armas para Eneas, temas que parecen aludir a la función militar del espacio pero también a la figura de Carlos III como guerrero victorioso y a su madre, Isabel de Farnesio, como reina prudente y protectora.

    Buena parte de la superficie que ocupa el Salón de Alabarderos fue ocupada por Alfonso XII para construir el Comedor de Gala. Se utilizó por primera vez con motivo de su segundo matrimonio, con María Cristina de Habsburgo-Lorena, en 1879. Está decorado con tapices de Bruselas del siglo XVI, tibores de porcelana china del siglo XVIII y piezas de porcelana de Sèvres.

    Salón de Columnas.



    La estancia presenta un orden de pilastras lisas realzado con columnas adosadas de fuste estriado, coronadas con la representación del Toisón de Oro. La bóveda fue decorada por Sabatini en 1761, usando parejas de sátiros que sostienen medallones representativos de los cuatro elementos.

    Giaquinto fue el responsable de la decoración de la bóveda con el tema La aparición del sol, alegoría del rey en la figura de Apolo. Más adelante realizó las cuatro estaciones y una representación alegórica de la Corona de España. Toda la simbología de este recinto está dedicada a realzar la majestad de la Monarquía Hispánica bajo Carlos III.

    Por otra parte en este salón se celebraba durante el Jueves Santo el ceremonial del «Lavatorio y Comida de Pobres», durante el cual el rey y la reina, ante grandes de España, ministros, cuerpo diplomático y jerarquía eclesiástica, daban de comer y lavaban los pies a veinticinco pobres. En este salón suelen celebrarse conciertos con los Stradivarius Palatinos.

    También en este salón se celebró el 12 de junio de 1985 la firma del Acta de Adhesión de España a las Comunidades Europeas, en 1991 la Conferencia de Paz de Madrid y en 1997 la Cumbre de la OTAN. Hoy en día el Salón de Columnas es utilizado para recepciones con numerosos asistentes, como el vino de honor posterior a la Pascua Militar y al discurso al cuerpo diplomático, además del encuentro de embajadores de España y la entrega de los Premios Nacionales del Deporte.

Fuentes: Wikipedia y Patrimonio Nacional.

viernes, 31 de agosto de 2012

El Palacio de Oriente. (III Parte).


    Interior del palacio.
   
    Planta baja.

    Real Biblioteca.



    La Real Biblioteca ocupa el ángulo noroeste del palacio y consta de dos plantas, amuebladas con librerías de caoba. Alberga colecciones de libros, medallas y monedas en número de 300.000 obras impresas, 4.000 manuscritos, 3.000 obras musicales, 3.500 mapas, 200 grabados y dibujos y alrededor de 2.000 monedas y medallas.

    Real Botica.



    Durante el reinado de Felipe II la Real Farmacia se convirtió en un apéndice de la Casa Real, con la orden de abastecerla de medicamentos, función que continúa en nuestros días. La Real Farmacia que existe en la actualidad fue fundada como Museo de Farmacia en 1964. Las salas de destilaciones y las dos salas adyacentes a la farmacia fueron reconstruidas tal y como eran durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII. Los frascos son anteriores y fueron realizados en las fábricas de la Granja y del Buen Retiro, existiendo también otros enseres fabricados en loza de Talavera en el siglo XVII.

    Real Armería.



    Considerada, junto a la imperial de Viena, como una de las mejores del mundo, está formada por piezas que van desde el siglo XV en adelante. Son de destacar las piezas de torneo realizadas para Carlos V y Felipe II por los principales maestros armeros de Milán y Augsburgo. Entre las piezas más llamativas sobresale la armadura y aperos completos que el emperador Carlos V empleó en la Batalla de Mühlberg, y con los cuales fue retratado por Tiziano en el famoso retrato ecuestre del Museo del Prado. Una parte de la armería se perdió durante la Guerra de la Independencia y durante la Guerra Civil Española. Aun así, la armería conserva algunas de las piezas más importantes de este arte a nivel europeo y mundial, entre ellas varias firmadas por Filippo Negroli, uno de los artífices más afamados del gremio.

Fuentes: Wikipedia y Patrimonio Nacional.

jueves, 30 de agosto de 2012

El Palacio de Oriente. (II Parte).


    Exterior del palacio.



    La fachada principal de Palacio fue construida sobre un basamento almohadillado, sobre el que se eleva el cuerpo principal de la construcción, estructurado por pilastras toscanas de orden gigante entre las que se abren ventanas y balcones. El coronamiento del edificio, con una imponente balaustrada, se planificó con una serie de estatuas de santos y reyes, reubicadas en otros lugares bajo el reinado de Carlos III con el fin de dotar a la construcción de un aire más clasicista.

    La restauración de las fachadas en 1973, que repuso algunas esculturas, permitió apreciar el diseño trazado por Sachetti. En su día, el italiano dispuso catorce jarrones y ubicó en las esquinas las estatuas del tlatoani azteca Moctezuma II y del inca Atahualpa, obras de Juan Pascual de Mena y Domingo Martínez, respectivamente. Cerca de las columnas toscanas están representaciones de Flavio Honorio, Teodosio el Grande, Adriano y Trajano. Un medallón con figuras clásicas remata el conjunto.



    En la fachada meridional fueron dispuestas las estatuas de Felipe V, María Luisa Gabriela de Saboya e Isabel de Farnesio, así como la de Fernando VI y su esposa Bárbara de Braganza. A modo de remate, se sitúa un relieve que representa el Sol recorriendo el Zodiaco.

    Es muy destacable la intervención de Juan Domingo Olivieri y su taller, quienes labraron más de la mitad de las esculturas que ornaban el palacio en tiempos de Fernando VI. También fue autor de muchos motivos heráldicos, mascarones y otras figuras alegóricas, situadas en lugares menos destacados.

    Plaza de la Armería.



    En ella se encuentra la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, cuya construcción fue patrocinada por el rey Alfonso XII para albergar los restos de su esposa María de las Mercedes de Orleans. Las obras de edificación del templo comenzaron en 1878 y concluyeron en 1992. Esta plaza limita hacia el oeste con los Jardines de Lepanto en la Plaza de Oriente.
Narciso Pascual Colomer, el mismo arquitecto que trazó la Plaza de Oriente, diseñó el trazado de la plaza en 1879, aunque no llegó a realizarse. La ejecución se produjo finalmente en 1892, según un nuevo proyecto del arquitecto Enrique María Repullés.

    Los antecedentes de esta plaza se remontan a 1553, año en que Felipe II ordenó levantar un edificio para alojar las caballerizas reales, reformado en 1670 por José del Olmo. La construcción sobrevivió hasta 1884, un incendio hizo imprescindible su derrumbe.



    El solar que hoy ocupa la plaza de la Armería fue usado durante muchas décadas como ante-plaza de armas. Sachetti intentó construir una catedral que rematara la cornisa del Manzanares, y Sabatini propuso unir dicho edificio con el Palacio Real, a fin de formar un solo bloque. Ambos proyectos fueron ignorados por Carlos III.

    Ángel Fernández de los Ríos propuso en 1868 la creación de un gran espacio arbolado que recorrería todo el contorno de la plaza de Oriente, con el propósito de dar una mejor vista al Palacio Real. Una década más tarde Segundo de Lema añadió una escalinata al diseño original de Fernández, lo que desembocó en la idea de Francisco de Cubas para dar más importancia a la incipiente iglesia neogótica de la Almudena, cuya construcción historicista y clásica armoniza con el estilo del Palacio Real.

    Plaza de Oriente.




    Se trata de una plaza rectangular de cabecera curvada, de carácter monumental, cuyo trazado definitivo responde a un diseño de 1844 de Narciso Pascual y Colomer. Uno de sus principales impulsores fue el rey José I Bonaparte, quien ordenó la demolición de las casas medievales situadas sobre su solar.

    La plaza de Oriente es de forma rectangular, si bien su cabecera, situada al este, se cierra formando una curva, presidida por el Teatro Real. Pueden distinguirse tres grandes cuadrantes: los jardines centrales, los Jardines del cabo Noval y los Jardines de Lepanto.



    Los jardines centrales están dispuestos alrededor del monumento a Felipe IV, en forma de cuadrícula, siguiendo el modelo barroco de jardinería. Están conformados por siete parterres, poblados por setos de boj, formas de cipreses, tejos y magnolios de pequeño tamaño, así como por plantaciones florales, de carácter temporal. Se encuentran delimitados a ambos lados por sendas hileras de estatuas que actúan como línea de división de los otros dos cuadrantes.

    La plaza alberga una colección escultórica de veinte reyes españoles, correspondientes a cinco visigodos y a quince monarcas de los primeros reinos cristianos de la Reconquista. Estas estatuas, realizadas en piedra caliza, se distribuyen en dos hileras, que surcan el recinto en dirección este-oeste, a ambos lados de los jardines centrales. Conocidas popularmente como los «reyes godos», marcan la línea de división entre el cuerpo central de la plaza y los Jardines del cabo Noval, al norte, y de Lepanto, al sur. El grupo de estatuas forma parte de una serie dedicada a todos los monarcas de España, mandada hacer para la decoración del Palacio Real de Madrid durante el reinado de Fernando VI. Se ejecutaron entre 1750 y 1753.

    Jardines del Campo del Moro.



    Estos jardines deben su nombre a que supuestamente en este lugar acamparon las tropas del caudillo musulmán Alí ibn Yúsuf en 1109 durante un intento de reconquista de la plaza de Madrid. Las primeras obras para acondicionar la zona se deben a Felipe IV, durante cuyo reinado se construyeron fuentes y se plantaron diferentes tipos de vegetación, aunque el aspecto general del lugar siguió bastante descuidado. Durante la construcción del nuevo palacio se realizaron diversos proyectos de ajardinamiento basados en los jardines del Palacio de la Granja, pero no se llegó a realizar nada por la falta de fondos, no siendo hasta el reinado de Isabel II en que se comienza un ajardinamiento más serio. En esta época se diseña un gran parque de tipo romántico y se instalan fuentes traídas desde el palacio de Aranjuez. Con la caída de Isabel II los jardines sufren un periodo de abandono y descuido en el que se pierde una parte del diseño y no es hasta la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena cuando se inician una serie de obras de recuperación, otorgándole el diseño actual, que sigue el trazado de los parques ingleses del siglo XIX.

    De forma ocasional a lo largo de su reinado, como por ejemplo para celebrar su onomástica el día de San Juan, el rey Juan Carlos ha celebrado recepciones y cenas de gala en estos jardines durante los meses de verano.

    Jardines de Sabatini.



    Situados en la parte norte, entre el Palacio Real, la calle de Bailén y la cuesta de San Vicente. De diseño francés, son unos jardines de carácter monumental, creados en los años treinta del siglo XX. Reciben la denominación de Sabatini debido a que en este lugar se ubicaron las caballerizas construidas por este arquitecto para servicio del Palacio. Estos jardines están adornados con un estanque a cuyo alrededor se sitúan algunas de las estatuas de los reyes españoles que en un principio estaban destinadas a coronar el Palacio Real. Situadas de modo geométrico entre sus paseos, se encuentran varias fuentes.

    El gobierno republicano ordenó la incautación de diferentes bienes de la Familia Real Española, entre ellos éste, cediéndolo al Ayuntamiento de Madrid para poder levantar un parque público. El proyecto fue adjudicado al arquitecto zaragozano Fernando García Mercadal tras resultar ganador en el concurso convocado. En 1972 se reformaron los jardines, construyéndose las escaleras monumentales.

Fuentes: Wikipedia y Patrimonio Nacional.

miércoles, 29 de agosto de 2012

El Palacio de Oriente. (I Parte).

Palacio Real de Madrid.



    El Palacio Real de Madrid es la residencia oficial del rey de España, utilizada fundamentalmente para ceremonias oficiales, ya que los Reyes residen habitualmente en el Palacio de la Zarzuela. Es el mayor palacio de Europa Occidental en cuanto a extensión, con 135.000 m² y 3.418 habitaciones. Alberga un valioso patrimonio histórico-artístico, los Stradivarius Palatinos y también colecciones muy relevantes de otras disciplinas artísticas como pintura, escultura y tapicería.

    Otra de las denominaciones empleadas para referirse al edificio es la de Palacio de Oriente. Este nombre se origina por la plaza a la que recae una de las balconadas del palacio, la plaza de Oriente, en la que también se encuentra el Teatro Real.

    El palacio fue levantado por orden del rey Felipe V sobre las ruinas del Real Alcázar, destruido por un incendio en 1734. Su construcción comenzó en 1738, según planos del arquitecto Filippo Juvara, modificados de manera notable por su discípulo Juan Bautista Sachetti. Francesco Sabatini se encargó de la conclusión del edificio, así como de obras secundarias de reforma, ampliación y decoración. Carlos III fue el primer monarca que habitó de forma continua el palacio.



    El último monarca que vivió en palacio de manera continua fue Alfonso XIII, aunque Manuel Azaña, presidente de la Segunda República, también habitó en el mismo, siendo por tanto el último Jefe de Estado que lo hizo. Durante ese periodo fue conocido como «Palacio Nacional». Todavía hay una sala, al lado de la Real Capilla, que se conoce por el nombre de «despacho de Azaña».

    El interior del palacio destaca por su riqueza artística, tanto en lo que se refiere al uso de toda clase de materiales nobles en su construcción como a la decoración de sus salones con obras de arte de todo tipo, como las pinturas de artistas de la talla de Caravaggio, Velázquez, Francisco de Goya y frescos de Corrado Giaquinto, Giovanni Battista Tiepolo o Anton Raphael Mengs. Otras colecciones de gran importancia histórica y artística que se conservan en el edificio son las de la Armería Real, porcelana, relojería, mobiliario y platería. Actualmente Patrimonio Nacional, organismo autónomo dependiente del Ministerio de la Presidencia, gestiona los bienes de titularidad pública puestos al servicio de la Corona, entre ellos el Palacio Real.

      Historia del edificio.



    El antecedente directo del Palacio de Oriente es el Real Alcázar, fortaleza levantada en el mismo solar donde hoy se alza la construcción barroca. Su estructura fue objeto de varias reformas —sobre todo la fachada—, pues el rey Enrique III de Castilla lo convirtió en una de sus más frecuentadas residencias, tras lo que el recinto obtiene el adjetivo de «real». Su hijo Juan II edificó la Capilla Real y varias dependencias. Sin embargo, durante la Guerra de Sucesión Castellana (1476) las tropas de Juana la Beltraneja fueron situadas en el alcázar, lo que ocasionó varios deterioros al edificio real.

    El emperador Carlos I mandó llevar a cabo una importante restauración del alcázar, empleando ya una arquitectura renacentista. Felipe II siguió con las obras contratando a artistas de Italia, Francia y los Países Bajos. Fue por entonces cuando se construyó la llamada Torre Dorada y la Real Armería, derribada en 1894. Felipe III, Felipe IV y Carlos II continuaron con este proyecto.

    Cuando llegó al trono Felipe V de Borbón en 1700 consideró que el antiguo alcázar era demasiado austero y estaba anticuado por lo que acometió nuevas reformas. La reina María Luisa Gabriela de Saboya por su parte y la Princesa de los Ursinos redecoraron las estancias al gusto francés.

    El palacio barroco.



    Filippo Juvara fue el encargado de dirigir los trabajos del nuevo palacio. El italiano ideó un monumental proyecto de enormes dimensiones, que no llegó a realizarse debido a la intempestiva muerte del artista. Juan Bautista Sachetti, discípulo de Juvara, fue elegido para continuar la obra de su maestro. Planteó una estructura de planta cuadrada centrada por un gran patio también cuadrado y resolviendo los distintos ángulos con cuerpos salientes.

    Fernando VII, que estuvo muchos años preso en el Castillo de Valençay, inició la más profunda remodelación del palacio en el siglo XIX. El objetivo de esta reforma era convertir el anticuado edificio construido a la italiana en un moderno palacio al estilo francés. Sin embargo, su nieto Alfonso XII se planteó convertir al palacio en una residencia al estilo victoriano. Las obras fueron dirigidas por el arquitecto José Segundo de Lema y consistieron en la habilitación de varias habitaciones, la sustitución de pavimentos de mármol por parqué y la adición de mobiliario de la época. Las restauraciones efectuadas durante el siglo XX tuvieron la misión de reparar los daños causados durante las guerras civiles padecidas por España, instalar o reinstalar nuevos conjuntos decorativos y sustituir los entelados de las paredes dañados por reproducciones fieles al original. Fue construida por Pere Vidal y con ayuda de Peter Whitel.

Fuentes: Wikipedia y Patrimonio Nacional.

viernes, 10 de agosto de 2012

La Flota del Tajo.


    En el siglo XV, el río Tajo comenzó a desempeñar una función recreativa para la monarquía española. La construcción de una residencia real en Aranjuez, a instancias de los Reyes Católicos, convirtió al Tajo en un destino frecuentado por reyes y cortesanos.



    Felipe II erigió sobre el primitivo edificio un palacio y, en el siglo XVIII, se levantaron los famosos Jardines de Aranjuez, alrededor de los cuales se extendieron diferentes canales artificiales, arrebatados a su caudal. El río era un lugar de paseo y esparcimiento, como dan cuenta las falúas reales (embarcaciones de recreo), que en la actualidad se conservan en la Casa de Marinos del municipio madrileño.



    A finales del siglo XVI, Felipe II ordenó la realización de diferentes proyectos para hacer navegable el Tajo. Los planes se abandonaron, dadas las dificultades de ejecución, si bien la idea volvió a surgir en el siglo XVIII, en plena Ilustración, pero nuevamente todo quedó sobre el papel.



    El célebre cantante italiano Farinelli, fue amigo íntimo de los monarcas Fernando VI y Bárbara de Braganza, y labró su mayor fama en España organizando espectáculos para la corte con la colaboración del Marqués de la Ensenada. Para los festejos reales en Aranjuez se enviaron múltiples partituras musicales a la corte española, siendo don Fernando y su esposa conocidos melómanos (en particular la reina, brillante alumna de Scarlatti tocando el clave). Es a partir de 1752 cuando Ensenada y el castrato italiano idean la llamada escuadra del Tajo, una flotilla de falúas reales inspirada en la música acuática de Händel que Farinelli había presenciado en su estancia en Inglaterra. Las naves desde donde los monarcas y sus cortesanos podían navegar entre música y caza por las aguas del río Tajo a su paso por el Real Sitio de Aranjuez, fueron un símbolo de este reinado de cultura y refinamiento. Por aquel entonces se podía decir que Madrid era la capital más culta de todo el continente, aunque estaba lejos de la dinámica que gozaban París, Amsterdam, Florencia y las ciudades alemanas, bastante más cultas.

Fuentes: Wikipedia.

martes, 7 de agosto de 2012

Convento de las Salesas Reales.


    El Convento de la Visitación de Nuestra Señora, también llamado Convento de las Salesas Reales, es un conjunto arquitectónico de Madrid (España), formado por un convento y palacio, y una iglesia. Fue fundado en 1748 por la reina Bárbara de Braganza para colegio y residencia de jóvenes de la nobleza, siendo enterrado en la iglesia el rey Fernando VI así como la propia reina fundadora, su esposa. Actualmente, la iglesia acoge la parroquia de santa Bárbara, y el resto de la construcción es sede del Tribunal Supremo.

    Historia.



    En origen, las hermanas salesas, llegadas de Annecy (Saboya) en 1747, ocuparon unas casas en Prado Viejo de donde se trasladaron a un beaterio existente en la calle San José. De allí pasaron al que sería su emplazamiento definitivo, junto a la Puerta de Recoletos, en la actual calle Bárbara de Braganza. La reina había comprado allí unos terrenos para su fundación. Su proyecto era no sólo la creación del convento, sino asegurarse un lugar tranquilo donde pudiera residir en caso de la muerte del rey, Fernando VI.

    El convento fue diseñado por el francés François Carlier, aunque debido a un viaje de éste a Parma, fue Francisco Moradillo quién lo llevó a cabo, modificando incluso el proyecto original al incluir dos torres-campanario. Las obras, comenzadas en 1750, apenas duraron 7 años, inaugurándose en 1758 con solemnes ceremonias templo y convento en presencia de la reina fundadora, fallecida poco más tarde.

    La muerte de la reina no supuso un cambio para el convento, que siguió contando con grandes patrocinadores que lo embellecieron. Cuando en 1870 las religiosas fueron exclaustradas, el convento se destinó a Palacio de Justicia, aunque la iglesia siguió abierta al culto. En septiembre de 1891, ésta se constituyó como parroquia bajo la advocación de Santa Bárbara, en tanto las monjas con algunas piezas artísticas del viejo monasterio se establecieron en un nuevo convento en la calle de Santa Engracia, obra del marqués de Cubas.

    En el siglo XX, el ya Palacio de Justicia sufrió dos grandes incendios que afectaron a las antiguas dependencias conventuales, gravemente dañado en el incendio de 1915 en el que resultaron también destruidas numerosas obras de arte depositadas por el Museo del Prado, aunque la iglesia no resultó afectada. La restauración la realizó Joaquín Rojí. La escalinata que accede a la portada del templo fue realizada en 1930 por Miguel Durán al abrir la nueva calle Bárbara de Braganza.

    Descripción.



    Para la ejecución de la obra se solicitaron planos a Juan Bautista Sachetti, arquitecto del Palacio Real, aunque finalmente se prefirieron los del francés Carlier, muy modificados por el aparejador Francisco Moradillo, quien se hizo cargo de la dirección de la obra, a quien se debe todo el segundo cuerpo, con las torres y la cúpula con su tambor. En estilo Rococó, combinando las aspiraciones clásicas y la magnificencia barroca, su interior aparece decorado con bronces, mármoles y piedras multicolores cuyo elevado coste dio origen a comentarios maliciosos.

    Construida en ladrillo y mampostería, su fachada principal forma un triple pórtico rematado por frontón entre dos torres cuadrangulares de un solo cuerpo. La fachada aparece ornamentada con relieves del escultor italiano Juan Domingo Olivieri, impulsor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y las estatuas de bulto en nichos de San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca, obra de Alfonso Giraldo Vergaz, algo posteriores a la ejecución del templo. A Olivieri pertenece también el grupo de la Sagrada Familia, originalmente en la portada del convento y trasladada al lienzo de muro que forma ángulo con la fachada de la iglesia en el atrio.

    Su planta es de una sola nave con forma de cruz latina y capillas-hornacina a los lados, cubierta con bóvedas de cañón con lunetos en la nave y brazos del crucero y con cúpula sobre pechinas, tambor y linterna sobre el crucero. En su ejecución Moradillo simplificó muchas de las curvas y líneas quebradas con que había sido proyectada, atenuando el efecto rococó.

    Interior: Sepulcros de Fernando VI y Bárbara de Braganza.



    En el interior de la iglesia, uno de los más suntuosos del barroco madrileño, se conservan los monumentos funerarios de Fernando VI y Bárbara de Braganza, quienes fueron sepultados allí según sus deseos, siendo los únicos reyes de España (exceptuando a la reina María de las Mercedes de Orleans, cuyo sepulcro se encuentra en la catedral de la Almudena) que se encuentran enterrados en la capital. Los mausoleos fueron diseñados, por encargo de Carlos III, por el arquitecto Francesco Sabatini, y labrados en mármol y pórfido por los escultores Francisco Gutiérrez y Juan León respectivamente. El sepulcro de la reina no es visible desde la nave central, al estar ubicado en la Capilla del Santísimo, aunque comparte pared con el del rey, colocado en el lado de la Epístola. Enfrente de éste, en el lado del Evangelio, se halla desde 1870 el mausoleo de Leopoldo O'Donnell, esculpido en mármol de Carrara por Jerónimo Suñol.

    Decoración pictórica.



    En la nave se levantan dos grandes retablos de mármoles blancos, verdes y rosados, de aire clásico y gusto rococó, cobijando pinturas de la Sagrada Familia, obra del veronés Francesco Cignaroli en el lado del Evangelio, y de San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca, obra de Corrado Giaquinto en el altar que ocupa el lado de la Epístola.

    Otros dos retablos semejantes se encuentran en los brazos del crucero, siendo sus pinturas obras del francés Charles Joseph Flipart el que representa a San Fernando recibiendo las llaves de Sevilla en el lado izquierdo, y de Francesco de Mura el de San Francisco Javier con Santa Bárbara, en el derecho junto al sepulcro de Fernando VI, precedido por una barandilla comulgatorio en bronce dorado también del siglo XVIII.

    Las bóvedas se cubren con pinturas de los hermanos Luis, Alejandro y Antonio González Velázquez. En ellas se representan escenas de la vida de san Francisco de Sales en la nave, y de los santos patronos de los fundadores en los brazos del crucero: San Fernando ante la Virgen y Santa Bárbara ante el Redentor. En las pechinas, los evangelistas, y en la cúpula, algo retocadas tras el incendio de 1908, con un aire más decididamente rococó, escenas de la vida de la Virgen entre guirnaldas y alegorías de las Virtudes.

    Presbiterio.



    En el presbiterio destaca el retablo mayor, de mármoles de colores, cobijando una mesa de altar también de mármol con incrustaciones de lapislázuli. Lo preside un óleo de La Visitación de cinco metros de alto, obra del pintor napolitano Francesco de Mura, coronado por las armas reales. En los laterales, dos esculturas de Santa Bárbara y San Francisco de Sales de tamaño algo mayor del natural son obra de Juan Domingo Olivieri, como el relieve del ático, con la Oración de san Francisco de Sales, y las esculturas de la Caridad y la Religión, todas ellas en mármol blanco. En la bóveda, una pintura de los hermanos González Velázquez representa la Coronación de la Virgen.

    Interesante es la barroca tribuna regia, situada en el lado del Evangelio, comunicando con las dependencias del que fue palacio privado de la reina fundadora, en madera dorada.

Fuentes: Wikipedia.